el periscopio

León / Lasa

Lampedusa en Paraguay

Un golpe fulminante acabó en junio de 2012 con Fernando Lugo y su espíritu reformista; hoy mandan en el país los de siempre

HAY territorios, provincias, incluso países enteros que más parecen reinos de leyendas que realidades ciertas y tangibles. ¿Existe, por ejemplo, Soria? ¿Alguien puede ubicar en un mapa Samarcanda? ¿Paraguay es verdaderamente una nación de América del Sur o un mitológico condado gobernado por sacerdotes rubios venidos de dios sabe dónde? Hace muchos años, cuando a uno todavía no le extenuaban los aeropuertos, los aviones y las aglomeraciones, decidí comprobarlo personalmente y viajé al Paraguay para visitar las reducciones jesuíticas y recorrer el Chaco, esa comarca inmensa poblada por colonos menonitas de origen alemán. El país me resultó fascinante; esa isla casi tropical rodeada de tierra se me antojó uno de los pocos lugares realmente extraños que todavía merecía la pena conocer. Allí, como no ocurre en ningún otro lugar del cono sur, los descendientes de europeos hablan como primera lengua el guaraní, idioma de sonora musicalidad y de raíces pretéritas. Allí también, el jaguar, el yaguareté, el gran felino sudamericano, todavía campa libre entre quebrachos y palo santos, en las infinitas praderas chaqueñas.

Y allí, en esa nación de un tamaño parecido al de España pero con apenas siete millones de habitantes, ha habido elecciones esta semana. La historia reciente comienza un poco más atrás, con la victoria en las urnas en 2008 del sacerdote Fernando Lugo, que pretendía acelerar -en un país anclado en el siglo XIX- ciertas reformas sociales, y que fue defenestrado por el Congreso en un golpe tan fulminante como polémico en junio de 2012, a raíz de la ocupación de unas tierras que acarreó la muerte de varios campesinos y policías. Hay cosas, y esto lo debía haber sabido Lugo, con las que se puede jugar, pero que no se tocan. Durante todo este tiempo, el presidente interino Federico Franco, teledirigido por los movimientos más conservadores, ha tenido como principal objetivo detener las transformaciones emprendidas y, cuando las circunstancias fueran favorables, convocar unas elecciones que ha ganado la vieja guardia del Partido Colorado. Que todo cambie para que todo siga igual. Lugo era un incordio en un país donde el 80% de la tierra cultivable se encuentra en manos de un 1% de la población. Para que el estado de las cosas no se alterara en demasía, lo mejor, al parecer, era destituir al anterior presidente y aprobar unos nuevos comicios. El nuevo presidente, el conservador y multimillonario Horacio Cortés, ha manifestado que jamás había acudido a las urnas en su vida. También que se pegaría, literalmente, un tiro en las bolas si su hijo pretendiera casarse con otro hombre. Macondo revisited.

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