La tribuna

Jorge Rodriguez Mancera

Latinoamérica y la crisis

Por qué se perdió tanto tiempo para tomar medidas y evitar la peor crisis desde la Gran Depresión? Ésa es la pregunta tardía de millones de gentes ante la gravedad de la situación generada con los anuncios de pérdidas y quiebras de empresas emblemáticas, el descalabro de los inversionistas y la pérdida de millones de empleos. Las voces alertando sobre este desastre fueron estigmatizadas por "anticuadas y enemigas de la sabiduría del mercado", como les ocurrió a los profesores Stiglitz y Krugman, premios Nobel en Economía.

El problema se originó cuando los fanáticos de la utopía del mercado llegaron al poder en EEUU y Gran Bretaña, tres décadas atrás, desmontaron el Estado, feriaron su patrimonio y desmantelaron todo tipo de normas y regulaciones diseñadas para su intervención, organizaron la gran fiesta de los mercados sin cortapisa y luego la vendieron e impusieron a la mayor parte de las naciones como la panacea del progreso y desarrollo.

A partir de ahí se armó una orgía de negocios sin control conducida por los magos de las finanzas, quienes sacaban de su chistera todo tipo de cosas raras, como las hipotecas subprime, bonos, papeles, títulos y derivados, capaces de multiplicar casi por 100 las posibilidades financieras de un dólar. Poco importaba quién asumiera el poder político, lo importante era que permitiera la continuación de la fiesta financiada con cualquier papel sacado del cubilete de los magos de los bancos de inversión. Y lo peor, así como se hacía "riqueza" se gastaba en cualquier cosa, por ejemplo en las guerras: Bush, Blair y Aznar organizaron dos.

Este castillo de naipes sin verdadero sustento económico tenía que colapsar y colapsó, y el festín ha dejado una resaca cuya rectificación costará sudor y lágrimas. De momento a Bush y a su partido se les ha pasado la cuenta de cobro; sus compañeros de parranda ya se habían ido sin pagar mayor cosa. Bush, todavía en la cruda, apenas reconoce sin mayor arrepentimiento haberse equivocado en su gestión presidencial. El mundo, empezando por EEUU, espera algo casi sobrenatural del primerafro americano en llegar a la Casa Blanca, quien por suerte está sobrio y ya empezó a trabajar.

Latinoamérica, como patio trasero y obsecuente seguidora de las ordenanzas del norte, también organizó en los 90 su fiestita con las mismas recetas, viandas y bebidas neoliberales, pero sus efectos perversos en el cuerpo social de la mayor parte de los países se sintieron más rápidamente y generaron una reacción contra este modelo de libertinaje para cuya cura apelaron a las recetas del vademécum heterodoxo de las izquierdas. Gracias a ellas expulsaron a los Pinochet, Menem, Fujimori, Losada, Caldera, Pérez, Salinas de Gortari y hasta al bueno de Cardoso, con sus comparsas neoliberales, porque los desposeídos se negaron a seguir sosteniendo sus despilfarros y desaciertos, depositaron sus esperanzas en otros líderes surgidos de sus propias entrañas y cuyo lenguaje les era mas confiable y familiar, en especial porque hablaban de un Estado como expresión de la solidaridad y la justicia social, es decir, de un modelo de fiesta en la cual no solo fueran invitados unos pocos.

Surgieron los Chávez, Kichrner, Morales, Correa y más recientemente Lugo y el reencauchado Ortega, con ideas radicales de izquierda, y otros con unas mas moderadas, Lagos, Bachelet, Vásquez y el pragmático Lula da Silva, todos con banderas opuestas al neoliberalismo y la globalización prematura impuesta por Washington. Aparecieron también, en oposición a ellos, en la extrema derecha, Uribe, por otras razones, y unos más centristas como Calderón y García. Querían algo para su gente y aprovecharon la oportunidad de cobrar más por sus productos, vendidos antes a menos precio, pero ahora muy demandados por efecto del despilfarro creciente en el norte y la aparición de nuevos demandantes en el extremo oriente.

Así empezaron a recibir muchos más ingresos, pero, como ocurrió en el norte, se obnubilaron, embriagaron y se dedicaron a gastar a manos llenas sin reparar en la sostenibilidad de esta euforia, y lo peor, algunos se creyeron Mesías e insustituibles, tal el caso de Chávez y Uribe, en grado sumo, y también los Kichrner, Morales y Correa, quienes convirtieron la democracia en un carnaval de referendos y manejos amañados con Congresos que, como en el caso de Colombia, donde muchos fueron elegidos por los narcoparamilitares, para modificar a su amaño la Constitución y reelegirse indefinidamente.

Aún no se han percatado de que la crisis y la resaca de arriba les está llegando y así ellos sean pronto defenestrados, no se evitarán las terribles consecuencias para los pueblos de la región.

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