Tribuna Económica

Joaquín / aurioles

Latinoamérica

LAS previsiones para 2014 permiten hablar de recuperación económica internacional. La estimación de crecimiento mundial es del 3,7% (FMI), el comercio internacional se mantiene en tasas de crecimiento positivas desde el segundo semestre de 2012 y las tensiones en el área del euro remiten, apaciguando el más importante de los focos de inestabilidad financiera a nivel internacional. La novedad es que las economías avanzadas reciben de las emergentes el testigo de locomotoras del crecimiento internacional, a pesar de que las previsiones indican que las primeras crecerán tan sólo un 2,2%, frente al 5,1% de las segundas. Uno de los principales problemas de éstas últimas es que no han podido aprovechar el intenso crecimiento de la última década para consolidar unos fundamentos económicos e institucionales que las inmunice frente a los vaivenes de las avanzadas.

El consenso en torno a un crecimiento cercano al 3% para los Estados Unidos durante los dos próximos años constituye una magnífica noticia para las exportaciones mexicanas, que ya experimentaron un fuerte repunte durante el pasado mes de febrero, y para el resto de los países turísticos del Caribe. También es una oportunidad para que el resto de las economías en desarrollo encajen la decisión del Gobierno chino de frenar el crecimiento de la inversión con el fin de poner orden en el conjunto de la actividad económica, aún a costa de una moderada contracción, aunque el anuncio de una retirada progresiva de los estímulos monetarios de los Estados Unidos también ha provocado un reajustes en las carteras de los inversionistas y graves tensiones monetarias en países como Argentina, Brasil, Rusia, Turquía y otros. En la mayoría de los casos ha sido necesario aceptar la devaluación de la moneda, con el consiguiente encarecimiento de las importaciones, y subir tipos de interés con el fin de frenar la fuga de capitales, lo que lleva a pensar que, en el caso de Latinoamérica, la oportunidad del tirón de la demanda en las economías avanzadas puede pillar a más de uno con el paso cambiado.

La incertidumbre financiera se confirma como la principal amenaza de inestabilidad, como en su momento apuntó el FMI. La fuerte corriente de inversión en títulos de renta fija y variable emitidos en moneda nacional ha permitido desarrollar mercados de capitales activos, pero también ha hecho a sus economías mucho más sensibles a la coyuntura financiera doméstica e internacional, sobre todo frente a los inversores que operan con fondos de los mercados minoristas. Por otro lado, la convicción de los gobiernos para profundizar en las reformas estructurales se debilita ante el comportamiento gregario de los inversores internacionales, que frecuentemente ignoran los esfuerzos para mantener el control de sus equilibrios fundamentales. Por último, la agitación social en algunos países y el clima de violencia en otros conducen, con frecuencia, al vasallaje de la política económica respecto de la política en general, dificultando la cooperación y la integración regional y el desarrollo de instituciones comunes que permitan un mejor aprovechamiento de las oportunidades que se presentan.

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