En tránsito

eduardo / jordá

Lenguaje sexista

SEGÚN el nuevo Plan de Igualdad de Género de la Junta de Andalucía -ya sólo el nombre da miedo-, cualquier profesor que ponga en un colegio el Himno de Andalucía estará cometiendo una irregularidad por la que quizá pueda ser denunciado. Y todo porque ese plan dictamina que no se puede usar el sustantivo supuestamente sexista "los andaluces", que por lo visto discrimina y quizá maltrata a las andaluzas. A partir de ahora habrá que usar el término no sexista "población andaluza". Vayan preparando los profesores de música una adaptación del himno que consiga meter esa no sexista "población andaluza" entre los primeros compases.

¿Son estas cuestiones las que de verdad importan en una comunidad con un 30% de la población en paro? ¿Sirven de algo en unos centros educativos donde los índices de fracaso escolar ponen los pelos de punta? Quizá yo sea una persona muy rara, pero no conozco a ninguna mujer que se sienta maltratada -y con mucha razón- por la sociedad en la que vive, pero que se levante por la mañana diciendo a gritos: "¡Hoy voy a destruir ese tiránico lenguaje sexista! ¡Abajo los masculinos genéricos!".

Habrá que repetir millones de veces que el lenguaje no es sexista. Y más aún, los supuestos usos sexistas no son más que un requisito de ley de la economía lingüística, que prescribe usar un solo término -el masculino genérico- para evitar las repeticiones innecesarias. Y esa ley es una de las mayores conquistas de la humanidad. Por supuesto que hay que evitar todo sexismo, pero hay que hacerlo en el comportamiento diario, en la educación de los niños en el colegio y en la equiparación real de sueldos entre hombres y mujeres. Pero las reglas del lenguaje no son culpables de nada ni actúan con voluntad de despreciar a nadie. Y es ridículo que unos profesores maltratados por los recortes, por las pésimas leyes educativas y por la mala educación generalizada de padres y alumnos tengan ahora que ponerse a vigilar que todo el mundo diga el obligatorio: "Niños y niñas, ya podéis salir al patio". Una frase, repito, que destruye los hallazgos de miles de años de inteligencia humana.

Dentro de cien años, si queda algún rastro de inteligencia en este planeta, alguien se preguntará qué extraño virus lingüístico atacó a la clase política de este viejo rincón del mundo que llamamos Andalucía.

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