EN TRÁNSITO

Eduardo Jordá

León XIII

TRABAJO muy cerca de la calle León XIII de Sevilla, donde se cree que mataron a Marta del Castillo. Me gusta mucho esa calle. Es más, si me preguntan cuál es mi calle favorita de Sevilla, diría que es ésa (ya sé que para los padres de Marta esa calle es ahora la imagen exacta del infierno). Pero esa calle tiene cosas que es muy difícil encontrar en una ciudad moderna. Empieza en una zona de clase media alta (el presidente Chaves, si no me equivoco, vivía por allí) y acaba en una zona de clase media baja, con casitas de una planta y talleres y pequeños locales comerciales. Hay bazares, tiendas de ropa para niños, un local de cámaras y balanzas que aún exhibe el rótulo Fabricación propia y una bonita frutería que se llama Gordi&Vargas. Sí, ya lo sé, quizá no sea nada del otro mundo. Pero nueve de cada diez habitantes de este planeta darían lo que fuera por vivir allí. Y si no, piensen en los pobres inmigrantes que se ahogaron en Canarias, muchos de ellos mujeres y niños que hubieran dado lo que fuera -de hecho lo dieron- por poderse comprar la ropa en Granujass o un pato de goma en el Superbazar Ana.

Y sin embargo ya no podemos ver esa calle como si fuera una calle normal. Ayer los vecinos no hablaban de nada más que del asesinato de Marta. E incluso alguien me miró con desconfianza cuando saqué una libreta y me puse a apuntar el nombre de una tienda. Supongo que pensaron que era un detective, un periodista, un entrometido. Pero yo sólo quería comprobar las cosas antes de hablar. Había oído decir que el presunto asesino de Marta había tenido una infancia muy difícil. Oí las palabras que siempre suelen salir a flote: "familia desestructurada", "carencia de empatía", "personalidad antisocial". Sí, puede ser, pero su vida no era un infierno. Vivía en un edificio limpio y agradable en un barrio tranquilo. Si hubiera querido, podría haber estudiado una carrera (el chico no parecía tonto y en este país hay becas para todo el que quiera). Pero por alguna razón, ese chico se convirtió en un ser narcisista, abúlico y violento, chulito y mezquino e inseguro, que posaba en Tuenti como uno de esos personajillos de Gran Hermano. Que llegara a vivir con la familia de una novia de ¡14 años! dice bien poco a favor de nuestra Andalucía imparable. Y que lograra manipular a varias personas más en un crimen estúpido -porque éste ha sido uno de los crímenes más estúpidos que uno pueda imaginar- no dice nada bueno a favor de ninguno de nosotros. Empezando por los políticos que se pelean entre sí como si estuvieran matando venados, y terminando por todos los que toleramos la televisión infecta de algunas cadenas y la clase de sociedad que tenemos. Nadie puede estar contento con esta historia. Nadie.

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