análisis

Rafael Salgueiro

Libertad económica y reformas necesarias

No hay remedios milagrosos, pero la reforma laboral tendrá consecuencias beneficiosas porque, ante una caída de la demanda, las empresas podrán adaptarse ajustando salarios en vez de con despidos

EL Estado tiene funciones relevantes en el desarrollo económico, pero están definidas de muy diversa forma según países y aún en el mismo país en diferentes momentos históricos, como ha sucedido en nuestro caso con el cambio del modelo liberal de finales del siglo XIX y principios del XX, reemplazados por el modelo económico franquista vigente hasta la constitución de 1978 y del que hemos tardado bastante en desprendernos. Incluso durante la Dictadura se distinguen con claridad un período autárquico bastante estéril que finalizó con la liberalización incompleta emprendida tras el Plan de Estabilización de 1959, que sentó las bases para un progreso económico sorprendentemente rápido, apoyado especialmente en el sector industrial pero también ayudado por los ingresos del turismo y por las remesas de los emigrantes.

Hemos vivido un período de indudable progreso desde la Transición, aunque con severos altibajos, y en la trayectoria se identifican con claridad los efectos beneficiosos de cada medida liberalizadora que se ha ido adoptando. Pero hemos llegado ahora a una situación inusitada: una gran destrucción de empleo y una gran incapacidad para ocupar a quienes han perdido su trabajo o a quienes se incorporan por primera vez al mercado de trabajo. Los especialistas analizarán con precisión el porqué de nuestro diferencial de desempleo y la destrucción de empresas durante estos años, pero podemos estar seguros de que no se debe sólo a nuestras especializaciones productivas y de que en ello han jugado un papel determinante las instituciones del mercado de trabajo hasta ahora vigentes. No hay una solución milagrosa para el desempleo, ni siquiera con un gran volumen de inversión pública como el que se le está demandando al BEI, pero la reforma laboral aprobada esta semana tendrá consecuencias beneficiosas, porque favorecerá que las empresas puedan sobrevivir a una caída de la demanda, porque permitirá que los ajustes de la masa salarial puedan hacerse reduciendo los salarios y no como hasta ahora, desgraciadamente, reduciendo el número de empleados. La reforma, además, facilita la contratación al reducir los costes esperados por la amortización de un puesto de trabajo o por el reemplazo de un trabajador cuyas capacidades se revelen inadecuadas para el empleo para el que haya sido contratado. El empleador ha estado asumiendo un riesgo demasiado costoso en caso de error en la estimación del volumen de producción que justifica la contratación de nuevos trabajadores o en la estimación de las capacidades de dichos trabajadores. Y, no creo que muchos me admitan esta pregunta, ¿Por qué una empresa ha de pagar una indemnización elevada por despido si ha satisfecho la totalidad del salario hasta ese momento y si en España está establecida una amplia cobertura del desempleo?

Por otra parte, la reforma no afecta lo más mínimo al derecho fundamental de libertad de afiliación sindical -un derecho individual-, ni al derecho a la negociación colectiva, cuyo ámbito natural es el de la empresa aunque pueda ser reemplazado por ámbitos sectoriales o territoriales, pero esto sólo tiene una justificación razonable si resulta más eficaz para la empresa. La posibilidad de adecuar el marco particular de las relaciones laborales a la realidad productiva, económica, financiera y geográfica de una empresa concreta es un valor añadido de esta reforma. Con ella, aunque incompleta, creo que abandonamos definitivamente el Fuero del Trabajo. Y ya iba siendo hora, aunque tardemos en ver los resultados.

Creo que deben ser profundamente creyentes quienes se están oponiendo a esta reforma y a otras que también deben ser acometidas, porque tienen una gran confianza en los milagros. Pero éstos no existen en economía, aunque a veces se utilice esta palabra. El milagro alemán de la posguerra mundial fue debido sobre todo a una orientación liberal de la política económica, gracias al talento del ministro de finanzas Dr. Ludwig Erhard. Tengo para mí que su oposición al pacto social que le reclamaban desde la izquierda y las disposiciones económicas que adoptó para liberalizar una economía totalitaria fueron mucho más influyentes que los recursos aportados por el Plan Marshall. Debemos recordar esto y proseguir en la liberalización de la economía antes que confiar más de lo debido en los recursos que pueda aportar el BEI, máxime cuando ya está sobradamente demostrada la relación que existe entre la libertad económica y el crecimiento.

Para comprobarlo sin esfuerzo basta con reflexionar sobre lo sucedido en las economías que han emergido en los últimos veinte años o con lo sucedido en nuestro país durante el primer mandato popular.

Y con algo más de esfuerzo pueden consultarse las publicaciones del Fraser Institute, en cuyo ranking de Libertad Económica ocupamos la posición 54 de 141 países, entre Polonia y Trinidad y Tobago (www.freetheworld.com, edición 2011 referida a datos de 2009). The Heritage Foundation publica también un ranking anual de Libertad Económica en el que ocupamos la posición 36 entre 179 países, entre Emiratos Árabes Unidos y Barbados (www.heritage.org). Estos índices miden de una u otra forma cuatro principios básicos para un progreso económico sostenido: imperio de la ley, gobierno limitado, eficiencia regulatoria y mercados abiertos; justo los principios que permitieron que algunos países comenzaran a salir de la pobreza hace muy pocos siglos. Y ya en el ámbito de las facilidades para la actividad empresarial y de la calidad de la regulación y de su aplicación, la consulta del índice Doing Business del Banco Mundial nos muestra lo que todavía nos queda por recorrer, ya que ocupamos la posición 44 entre 183 países (www.doingbusiness.org).

Lo bueno es que todos ellos nos indican las grandes posibilidades de progreso que tenemos y nos señalan la senda apropiada de una acción pública reformista, orientada a facilitar el emprendimiento y la actividad empresarial. La historia de España demuestra el enorme empuje, el talento y las capacidades individuales que tenemos los españoles, y cómo esto se ha traducido siempre en progreso cuando la acción pública no lo ha malbaratado. Todos podemos verlo, salvo los ciegos. Es natural.

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