Brindis al sol

Alberto González Troyano

Libros blancos

CIERTA parálisis ha invadido la política institucional andaluza, pero no quieren estas líneas insistir en sus causas, sólo realizar una sugerencia que puede parecer extraña, pero que desempeñó buen papel en otras ocasiones: consejerías y departamentos podrían dedicar algunos funcionarios y asesores, ahora que quizás tengan tiempo para ello, a redactar su respectivo Libro Blanco. Labor que no debe confundirse con esas genéricas consideraciones que figuran en programas electorales, ni con una lista de logros a mayor gloria de un partido, ni con una memoria cargada de cifras, ni con las habituales páginas digitales informativas. Un buen Libro Blanco recogería, tras oportuna reflexión de principios, los criterios y prioridades que deben orientar la actividad de las instituciones que lo elaboran. Pero con la intención de difundirlo, no sólo por necesidad ética de transparencia, también como medio de descender a la calle, a la espera de críticas y respuestas constructivas (que, a veces, llegan).

Por ejemplo, en el caso de una consejería como la de Cultura, que nos atañe a todos, estaría bien que figuraran, por escrito y asequibles, los criterios que presiden sus presupuestos de actividades propias, su política de subvenciones a las fundaciones privadas; cómo se plantean las ayudas al libro editado en Andalucía y su difusión a través de las bibliotecas públicas, cómo se estimula la vida teatral y artística; cuáles son los conceptos de patrimonio imperantes en una región tan rica en monumentos, pero también con tantas dificultades a la hora de conservarlos; cómo fomentar un mecenazgo privado casi inexistente y sin apenas tradición; con qué criterios se eligen los directores de museos, centros y organismos culturales dependientes de la Junta, en una época en la que, para esos casos, en otras regiones europeas se recurre a concursos públicos y abiertos. Se trataría de comprometerse y tomar decisiones inmediatas, pero sí -para eso sirve un Libro Blanco- de reflexionar colectivamente sobre estos problemas. Plantearlos por escritos ya es una forma de clarificarlos y solventarlos. Todo menos quedarse entre las paredes estancas de un despacho oficial al que no llega ni un rumor de la calle y, lo que es peor, del que no llega a la calle ninguna nueva expectativa que ilusione. Y en Andalucía hay cultura para repartir e ilusionar. Basta tener voluntad y la ayuda de un Libro Blanco transparente y bien elaborado.

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