crónica personal

Pilar Cernuda

Liderazgo

EN su primera conferencia en la universidad de John Hopkins, donde Aznar acaba de ser designado profesor asociado, el ex presidente español dijo ante un público multitudinario y atento que se puede defender una política determinada que tenga más o menos aceptación, pero que para ser dirigente hace falta tener liderazgo.

No le falta razón. Muchos de los problemas de esta España nuestra, y de otros países de nuestra misma estructura social, han sido provocados por la falta de liderazgo de sus dirigentes. Eso explica por ejemplo que un personaje que ha dado muchos motivos para ser detestado, Berlusconi, mantiene el apoyo mayoritario de los italianos porque es sin duda un líder, impone su criterio, manda en su equipo, propone iniciativas que saca adelante contra viento y marea y no se amilana ante la adversidad.

Mariano Rajoy es hoy líder indiscutible del PP, tras años de esfuerzo por hacerse valer y para que sus propios compañeros de partido no cuestionaran su presidencia. El mejor Rajoy fue el que se enfrentó a la disidencia que surgió tras perder las elecciones del 2008 y se ganó fieles para ganar el congreso de Valencia. Hoy nadie cuestiona su liderazgo, ni siquiera los más díscolos. Lo ha hecho además sin enviar a los críticos a galeras, a los infiernos. Algunos de los más destacados forman parte hoy del círculo más próximo al presidente del PP. ¿Porque piensan que puede ser el próximo presidente del Gobierno? Seguro, pero además porque ha puesto orden interno en el partido a su peculiar manera, sin intervenir directamente ante los conflictos más graves y dejando que el tiempo apaciguara ánimos y rencillas.

Zapatero es hoy un político sin liderazgo aunque hay que decir a su favor que lo es por propia voluntad, ha sido decisión suya no presentarse a la reelección y decisión suya designar sucesor a Rubalcaba -aunque hay gente en el PSOE que asegura que le costó sangre pedir a Carme Chacón que renunciara a las primarias- sabiendo que el candidato le iba a restar protagonismo. Mantuvo el liderazgo durante su primera legislatura, pero a medida que sus políticas se comprobaban equivocadas su imagen política entró en declive sin que se advirtiera en Zapatero la energía necesaria para sacar su proyecto adelante e insuflar ánimo en su partido, en su gente.

Ha tomado decisiones erráticas, eliminó de su entorno a algunos de los mejores, ofreció momentos patéticos en varias de sus citas internacionales porque en esas citas se visualizó más que en otras ocasiones que no pintaba nada, ha desaparecido cualquier rastro de hombre de criterio, con ideas, con capacidad de decisión. Se desdice constantemente y cuando aprueba una iniciativa es porque se lo ha exigido Rubalcaba o porque le ha convencido Rajoy.

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