La ventana

Luis Carlos Peris

Llanto por un torero de pies a cabeza

DESDE su sillón en el Tendido 1, habitualmente al lado de su entrañable Miguel Litri, Julio el Vito era un vigía guardando el toreo. Atrás quedaba un tiempo ya lejano en que era una delicia verle citar en banderillas y una sobredosis de torería su salida de la cara del toro de forma que el toro se quedaba sin saber dónde estaba Julio. Era Julio, hijo y hermano de Vito, un torero de esos que se ven venir, como de una época en la que a un torero se le conocía muy de lejos. Torero desde que se levantaba hasta que doblaba y a mi cabeza vuelven pares memorables y reveses inapelables en aquel frontón de Piscinas Sevilla en el que tantas partidas compartimos. En el delicioso libro que Jean Cau escribió tras los pasos de Jaime Ostos, las sentencias de Julio sobresalían por encima de todo. Se nos ha ido para siempre y por ahí perdemos a un torero en perpetuo paseíllo. DEP.

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