Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Llega Chaparro, un indomable

Procede que el bético sepa que su equipo está ahora en manos de otro bético que nunca se dejó mangonear

CONVIENE, convendría a lo mejor, que en el Betis se procediese a una bipolarización para que no se mezclen churras con merinas, que por un lado vaya el fútbol y por otro la tremenda fractura institucional que sufre la centenaria y sevillanísima sociedad verde, blanca y verde. ¿Quizá una tregua? No, una tregua no porque significaría consentir con los desmanes que padece la institución, pero sí que convendría abrir un tiempo de prioridad futbolera para bien del equipo y, por supuesto, una confianza absoluta en un hombre bético rotundo y al que le han dado el juguete que siempre quiso, pero averiado y sin pilas.

En esa vertiginosa carrera de ir fagocitando entrenadores, Héctor Cúper, un peso pesado del escalafón, ha sido el último y como no se ha inventado el antídoto para el entrenador que no gana, pues a casa. Y ahora debe el bético estar con Paco Chaparro, trianero y bético de nacimiento, tan visceral como competente, tan entendido como el que más. Dicen algunos que Paco es más para una distancia corta y que su discurso es tan intenso que se puede hacer insoportable para la tropa, pero conoce el paño y me consta que no va a plegarse a los caprichos del muy caprichoso mandamás de la nave. Por ahí, confianza absoluta en que las cosas pueden enderezarse.

Cúper ya es pasado y Chaparro un presente que ojalá se alargue de forma indefinida, lo que sería señal inequívoca de que el Betis tocó fondo la noche triste del domingo. Desde que Frigols marcaba a Gárate no se veía una diferencia tan abismal entre el Betis y el Atleti, algo que mueve a la desconfianza, claro, pero también a pensar que era todo tan malo que difícilmente puede ir peor. El hombre ahora es Chaparro, Francisco Chaparro Jara, y el bético, ése que de verdad sólo quiere que gane el Betis, sabe que quien ahora manda en el vestuario es uno de los suyos y que no va a dejarse mangonear por ningún caprichoso, ni siquiera por el único culpable.

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