Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Lobatear

LA despedida iba enmelada con un oxímoron: "Hasta pronto, hasta siempre". Nunca más en Telecinco, pero pronto con el 6. La Fórmula 1 seguirá siendo lo que ha sido pero con mosca diferente. Pasa a la sexta velocidad, pero con la misma voz y con todos los ingredientes, menos Gonzalo Serrano, el analista, que se queda en tierra, en Más que coches. De cabeza de ratón. En la órbita del meollo. Al Calvo no le quedaba otra, pero tampoco a La Sexta. La que se queda añorando tiempos mejores es la cadena que levantó las carreras de la nada, del relleno de La 2. Y lo único que les falló en el último día fue la agónica victoria del malo. Durante unos segundos los de Telecinco festejaban "la maldición" de Hamilton, pero la pasión hizo cegar el imprevisto desenlace.

El campeón británico se ha labrado su estatua de miserable, convertido en un odiado personaje que daba más aire literario, de folletín, a cada embalado fin de semana (pobre De la Rosa, en medio). Hamilton tomó el relevo de Schumacher, el odiado rival del español, santificado incluso en sus defectos y errores. Sería tal vez lo más reprochable de Lobato en estos cinco años, su devoción fundamentalista por su paisano, que ha arrastrado a la subjetividad a casi todos. A favor del ahora emigrante hay que anotar su avidez por descubrirnos los detalles de este negocio y contribuir a que cualquier tipo se nos pone a discutir en la barra sobre repostajes y estrategias. En su desparpajo por los boxes Antonio, que parecía que mandaba más que Ecclestone, este domingo nos lobateaba las características de cada neumático mientras su equipo había preparado un gazpacho de nostalgias y agradecimientos, convertidos en simpáticos héroes. Sonaban acordes sensibleros en la despedida. Lobato salía de la cabina y su campechano off se escapaba agridulce entre las lágrimas de alegría del villano.

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