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rafael / sánchez Saus

Lógica griega

POR qué los griegos no pagan su deuda? Sencillamente porque no quieren, no les da la gana, vamos. Ésa es la verdad. Recordaba hace unos días el economista Juan Ramón Rallo que Grecia dedica al servicio de su astronómica deuda un 4% del PIB, menos que Italia y poco más que España en este momento. Y ni Italia, ni España, ni otros muchos países por el estilo crujen bajo el peso de sus pagos. El caso de los griegos es otro: ellos quieren seguir viviendo como griegos en el seno de Europa. Eso, a cambio de aparecer en películas y en el imaginario europeo como los personajes alegres y entrañables que en absoluto son, se traduce en un derecho histórico a no pagar sus deudas, como ha sucedido reiteradamente en los menos de dos siglos transcurridos desde su independencia en 1832 hasta hoy.

Lo curioso y altamente sintomático es la simpatía que en todas partes levanta el impago griego, aunque sea a costa de la economía de los demás países del euro, muchos de ellos menos ricos y más necesitados que Grecia. Naturalmente, si se ahonda un poco, la simpatía se concentra entre aquellos que creen que tampoco se debe cumplir cualquier otro contrato o compromiso que se asuma: ni la renta al casero, ni la fidelidad al cónyuge, ni la lealtad a la Patria. Esa sí que es la Europa de dos velocidades: los que creen que hay que cumplir y los que esperan verse eximidos de toda obligación y reducen el asunto, cualquier asunto, a una cuestión de voluntad: pago si quiero, soy fiel si no encuentro nada mejor y, por supuesto, de lo de defender a la Patria llegado el caso, ni hablar. Que luchen otros (a ser posible, americanos), que tengan hijos otros (preferentemente, moros), que paguen otros (por supuesto, alemanes).

En el fondo, se trata de llevar a sus lógicas consecuencias el ideal socialdemócrata, pero no ya en el seno de un país, sino en la Unión Europea. Que paguen los ricos, que en eso consiste hoy toda idea de política y de justicia. Y si hace falta votar para que quede claro, se vota. Naturalmente, los supuestos ricos se rebelan porque entre vivir como un obrero en Alemania o un funcionario en Grecia, no hay color. Lo malo es que en Bruselas han tardado exactamente 225.000 millones de euros de dinero público europeo en darse cuenta. Y encima dicen los tíos, los griegos, que quieren un plan Marshall para ellos solitos. Pues a lo mejor hasta se lo dan.

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