La ventana

Luis Carlos Peris

La Macarena de hebrea como paliativo

ARRANCÓ la Cuaresma del ayuno y de la crisis y no se sabe si en realidad va a ayunarse por la Cuaresma o por la crisis, quizá por ambas cosas a dos. Empieza ese tiempo que nos retrotrae a las pesadillas de largas noches encogidos por el miedo a lo que el cura había predicado la tarde antes en esos ejercicios espirituales con que se flagelaba no sólo el espíritu. Bueno, pues en esta Cuaresma que reedita el ayuno por recordatorio del obispo Asenjo, las cosas comienzan como cuando lo del ayuno y la abstinencia dormitaba en el sueño de la memoria más o menos histórica. En la parrilla de salida para este tiempo, la imagen inconmensurable de la Esperanza con sus ropajes de hebrea. Siempre empieza así la Cuaresma, pero no cabe la menor duda de que en ésta de ayuno y de crisis, la visión de la auténtica Madre de Dios es como un oasis de esperanza en un desierto de zozobra e inquietudes.

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