el periscopio

León / Lasa

Machaquemos a los más débiles

QUE la fiesta fue larga y obscena es algo que, a estas alturas, nadie se atreve a desmentir. Que participaron muchos, en función y a escala de sus posibilidades y del nivel de sus escrúpulos, también. Lo grotesco del caso es que ahora, cuando toda la bacanal ha terminado resulta que quienes tienen que limpiar el suelo, recoger y lavar las copas y abrillantar el cuarto de baño no son quienes se mamaron con Moët o Macallan, sino unos desgraciados que ni siquiera fueron invitados a las migajas del jolgorio. Verdaderamente tremendo. Los marrones de cajas y bancos, los fallidos de promotores y constructoras a los que el juego de la silla cogió desprevenidos lo han/hemos de pagar los curritos de a pie que jamás tuvimos la posibilidad siquiera de dar el pase a un adosado aún sobre plano. Así, parece ser, funciona esto, la maravilla llamada capitalismo o el sistema político al que los medios - engañándonos- se empeñan en denominar "democracia", el gobierno de todos.

En estos días se han publicado noticias sobre la creciente brecha que, en nuestro país, está separando a una minoría pudiente y enriquecida del resto, de una población cada vez más vulnerable: según las estadísticas de Eurostat la distancia en España entre el 20% de la población nacional con más renta y el 20% con menos renta es muy alta, la más elevada no ya de la Eurozona sino de los veintisiete países de la Unión Europea. Como escribía José Aguilar en estas páginas recientemente "la gente corriente -aunque se quede en casa, al gusto de Rajoy- sabe -y sufre- que los recortes en educación y asistencia sanitaria afectan más a la mayoría más pobre, que la fiscalidad indirecta golpea sobre todo a los que menos tienen o que los bancos no están siendo tratados como se merecen". Antes de la crisis, en España, los más ricos ingresaban un 5,3 más que los más pobres; en 2011 esa proporción había subido al 7,5. En Alemania la ratio es tan sólo de 4,6. Se calcula que el 22% de la población española vive ahora bajo el umbral de la pobreza. Pero ésta, la pobreza, también va por barrios: Extremadura tiene la mayor tasa de personas que viven por debajo de ese límite, el 38,2%; Navarra la que menos, el 7,3%. En Andalucía estamos en el 30,1%. Y lo más llamativo, lo más sangrante, es que en la actualidad uno de cada cuatro niños vive y crece dentro de esos parámetros de pobreza. Pero para quienes mandan a sus hijos a exclusivos colegios bilingües o se operan en clínicas privadas, muchos de ellos causantes de este desaguisado del que todos han salido jurídicamente indemnes, los recortes sociales se la pelan, no van con ellos.

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