Las dos orillas

José Joaquín León

Machistas, machistos y 'machistes'

SIGUIENDO las directrices del Nuevo Diccionario de la Real Academia de la profesora Aído, se deben incorporar nuevos términos y términas para que los miembros y miembras del PSOE que no sean guerristas y guerristos sepan en el futuro a qué atenerse. Porque es curioso el recorrido y curiosa la evolución que ha tenido esto en pocos días. Empezó con una polémica por el teléfono de los maltratadores que no eran, siguió por los miembros ya incluidos y las miembras deseosas de figurar en el diccionario. Así el modo y la moda para combatir los malos tratos y las malas tratas degeneró en una polémica sobre la miembra hasta que apareció el señor Guerra al ataque, cuestionando no sólo las habilidades lingüísticas de la ministra Bibiana, sino la política de los malos tratos y las malas tratas en general con ciertos excesos y excesas que se dan en un problema sin duda delicado. Conclusión: en los sondeos radiofónicos de ayer, Zapatero suspende por vez primera, después del debate lingüístico más apasionante del siglo XXI y la huelga del transporte que sembró el caos en media España. Y todo ello a pesar de que Mariano está distraído.

Del guerrismo en estado puro, según los seguidores de Alfonso, hemos pasado al machismo en estado puro, según quienes no toleran ni media crítica a la Bibliana (la Biblia de la Igualdad de Bibiana). Lo que vino a decir Alfonso Guerra es que cuidadín, fistros y fistras, porque de lo sublime a lo ridículo hay medio paso. Con sus objeciones, Guerra se situó en el centro de la diana. El pasado viernes salió al quite la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, que por cierto algo tiene que ver en el imparable ascenso de Bibiana, a la que conoció en Cádiz con motivo de sus estancias para el Bicentenario de la Constitución de 1812. Siendo ocurrente Zapatero, que lo es, no creo que la decisión de nombrarla ministra fuera una exclusiva suya sin consultarlo con María Teresa, que ante las penurias del Ministerio Transversal lo ha acogido filialmente prestándole cosas y casos.

Así que cuidadín, fistros de pecadores y fistras de pecadoras, que después de ver que los académicos, pese a su machismo cuantitativo y su fobia antifeminista cualitativa, son capaces de incorporar términos guays, se hace imprescindible una adaptación. De modo que machistas sean en lo sucesivo aquellos hombres y mujeres que no asuman el feminismo como dogma de fe; machistos sean los machistas exacerbados a los que va dirigido el teléfono de Bibiana; y machistes los que hacen de ella y otras miembras del Gobierno los humoristas machistas y machistos, los tertulianos y tertulianas, los columnistos y columnistas y los políticos tipo Guerra.

Zapatero, mientras tanto, vigila los sondeos, oye y calla.

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