La tribuna

Daniel Bermúdez

Maestro accidentado, maestro que no cobra

NUESTROS políticos no cesan en su discurso de que la crisis ha desaparecido o está llegando a su fin, y con ello, los tan temidos recortes en el sector público. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Estos recortes van llegando a los funcionarios de las formas más sorprendentes. Parece que han aprendido la lección después de tanto hacernos ir a las urnas y ya se piensan un poco más los recortes directos como "el robo" de nuestras pagas extraordinarias, o el "secuestro" de parte de las mismas.

De esos recortes directos pasaron a unos "semidirectos" al detraernos el 50% del sueldo los tres primeros días de baja y el 25% los restantes hasta el vigésimo primer día. Este recorte, que puede estar incluso aceptado por buena parte de los trabajadores de este país, se vuelve inadmisible por los docentes en los casos cuando son tus propios alumnos los que te contagian la gripe, gastroenteritis o la varicela, como le paso a esta misma persona que escribe el artículo. En esos casos rondan los 450 euros de recorte de sueldo mensual. Claro, para mí era "difícil" demostrar que después de siete casos de varicela en mi aula yo me hubiera contagiado en cualquier otro sitio. Finalmente fueron quince casos…

Pues bien, en esta ocasión me refiero a otro modo para "asaltar" nuevamente parte de nuestras retribuciones mensuales. Ahora se trata de no considerar accidente laboral las situaciones en las que los docentes nos podemos ver envueltos y que pueden desembocar en bajas médicas.

Así, nos estamos encontrando casos de maestros y profesores que en el cumplimiento de sus labores docentes han sido objetos de accidentes laborales, y sin embargo, la resolución de la propia Delegación de Educación ha sido contraria a dicho reconocimiento.

Y, ¿cuál ha sido la motivación para dicha denegación? Pues nos encontramos frases como que las averiguaciones realizadas y de la documentación aportada no se desprende ni se demuestra que el docente sufriera un accidente en acto de servicio. Claro, aquí es cuando pensamos en que con el informe médico correspondiente tras sufrir el accidente debería ser suficiente. Eso más los testigos si los hubiera. Pues es ahí donde empieza la trampa ya que el docente, como un trabajador más, debería acudir al centro de salud correspondiente y más cercano para el examen correspondiente, o llamar a los servicios médicos de urgencia si la situación lo requiriera. Sin embargo, ¿conocen a algún docente que tras un percance, aparentemente menor en primaria instancia, abandone a sus alumnos para ir al médico? Pues la respuesta es que la gran mayoría no. Por lo tanto al no hacerlo, pues se rompe la secuencia lógica de concatenación de hechos que pueden probar que dicha situación provocara la lesión.

En mi opinión se sirven de los docentes en tanto en cuanto la responsabilidad y vocación superan al derecho y casi obligación de acudir al servicio médico en el momento del accidente.

Dicho todo esto, los docentes tenemos que entender que los tiempos están cambiando y debemos concienciarnos que podemos seguir llevando por bandera nuestra vocación como profesores y al mismo tiempo ser capaces de ser responsables con nosotros mismos en casos como estos para no salir perjudicados. Debemos prepararnos para ser capaces de hacer el esfuerzo de tras un accidente laboral, aunque éste no parezca importante en un primer momento acudir a los servicios médicos.

Y ya como gota que está haciendo rebosar el vaso, tenemos los casos de accidentes "laborales", y entrecomillo "laborales", que se dan en momentos "fuera de horario lectivo" (también entrecomillo). Porque a ojos de la administración, las fiestas previas a vacaciones, y que normalmente se llevan a cabo en horario de tarde, son actividades "voluntarias". Es decir, si subes al escenario a hacer el baile fin de curso con tus alumnos o simplemente a dedicar unas palabras a los mismos y te caes, pues… es tu responsabilidad.

O para rematar la faena, que sepamos que se puede poner en duda el accidente laboral si subes a una escalera a colgar un mural de tus alumnos, si te pillas una mano moviendo una cajonera, o bajando "a pulso" a un alumno en silla de ruedas al no haber ascensor.

Al final creo que quiere que dejemos de tomarnos nuestro trabajo como una vocación. Sin embargo, nos adaptaremos, pero no dejaremos que desaparezca nuestra ilusión por enseñar.

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