El periscopio

¿Magnate y cómico al mismo tiempo?

PARA nosotros, la expresión "palomo cojo" tiene un sentido bien distinto a "pato cojo" en inglés: mientras que nuestro palomo incapaz de pisar supone una expresión tirando a homófoba, para ellos un pato cojo es un incapaz, pero en el sentido de "caso perdido". Esta semana, The Economist dedica a España un artículo titulado "El follón oscurece el mensaje" en el que, aunque se nos desmarca de los máximos patos cojos de la UE (Grecia y Letonia), se dice que somos "la única economía grande desarrollada todavía en recesión". Tanto el semanario británico como otras publicaciones extranjeras señalan a los sindicatos como auténticos lastres para desarrollar política económica de emergencia alguna: es imposible tener contentos a sindicatos y mercados de deuda al mismo tiempo. Más o menos como le decía en itañolo un ínclito personaje de la jet romana, el malagueño Juan Manuel Jiménez, a la mujer de uno de los más poderosos y opulentos joyeros italianos, decidida a llenar su tiempo con el teatro: "Non si può cotizzare in Borsa e fare la teatra".

Dado por cierto que España está en el ojo del huracán de nuestros socios de referencia y que seguir estando en la pandilla comunitaria y en el euro nos supondrá contrapartidas en forma de sacrificios y reformas, la dependencia del Gobierno de Zapatero de los sindicatos y el miedo cerval del presidente a una huelga general se ve desde fuera como problema principal. Jason Webs, de Reuters, afirmaba el lunes que no sólo no es posible seguir contentado a todo el mundo, sino que Zapatero ha conseguido cabrear a los sindicatos sin convencer a los inversores de que la deuda española es segura. Con un 20% de paro, le resulta a Webs difícil de creer que el gasto público va a reducirse hasta el punto de que comprar bonos y obligaciones del Reino de España sea seguro para el inversor y, además, no le cueste demasiado al Estado en unos intereses superiores a los que pagan otros estados más robustos.

No obstante, el viernes las noticias daban cuenta de la diligencia -no reconozcamos sólo lo malo, no seamos tan españoles- con que nuestro gobernantes están procediendo (ahora). El Ministerio de Fomento, el más afectado, reducirá un 20 por ciento su presupuesto: José Blanco, siempre a la orden. Es cierto que de donde más hay es donde más se puede reducir, pero es triste para un país tener que menguar su capacidad inversora precisamente donde se encuentra el motor del empleo más directo. O sea, debemos soltar lastre y reducir nuestra capacidad productiva, porque nada menos que 500 millones de euros se dejarán de invertir el año próximo en infraestructuras públicas. No son buenas noticias, pero mucho peor sería seguir dando brochazos de maquillaje en una cara demasiado ajada ya.

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