Editorial

Maloma debe regresar a casa

EL caso de Maloma Morales, la joven española de origen saharaui que se encuentra secuestrada en su tierra natal, ha visualizado la tragedia que sufren decenas de mujeres de este pueblo que, después de vivir una larga temporada en España, son retenidas por sus propios parientes en el Sahara tras ir unos días de visita. El argumento que suelen esgrimir las familias es que las mujeres secuestradas están olvidando sus tradiciones, su religión y su cultura, como si éstas fuesen razones suficientes y de peso para tener retenida en contra de su voluntad a una persona mayor de edad. No se confiesan, sin embargo, otros motivos como la necesidad de retener vientres para animar la decadente demografía saharaui, un pueblo en guerra con Marruecos desde que la chapucera descolonización realizada por España de su antigua provincia lo dejó sin territorio.

Pero, más allá de estas consideraciones, el caso de Maloma es el de una española que está secuestrada en el extranjero y, por tanto, todas las administraciones tienen la obligación de hacer todo lo que esté en sus manos para facilitar su regreso inmediato al hogar. El Ministerio de Exteriores ya está cumpliendo con gestiones diplomáticas que no se pueden revelar. La Junta, por su parte, también está tomando cartas en el asunto. Además, sería muy importante que el muy amplio movimiento de apoyo al pueblo saharaui, con profundas raíces en Andalucía, hiciese algún tipo de gestión para exigir a las autoridades de Tinduf que hagan todo lo posible para que esta joven regrese a su verdadero hogar, que no es el desierto del Sahara, sino Andalucía. De lo contrario, las autoridades tendrían que reconsiderar cualquier tipo de apoyo a las organizaciones que, pudiendo hacer algo, hayan mirado hacia otro lado mientras una ciudadana española vive un auténtico calvario. Como decía una persona muy cercana a Maloma, no se entendería que sólo se combatiesen las violaciones de los derechos humanos cuando las cometen los marroquíes.

Por supuesto, también hay que pedir la máxima colaboración de los partidos políticos que han mostrado en numerosas ocasiones su apoyo a la causa saharaui, como tradicionalmente lo han hecho Izquierda Unida y, más recientemente, Podemos. Somos conscientes de que la capacidad de influencia de estas formaciones, así como la del movimiento pro saharaui, es limitada, pero seguro que alguna tienen y deben ejercerla con toda generosidad. Lo contrario, insistimos, no se entendería.

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