Visto y Oído

francisco / andrés / gallardo

Mañaneo

CANAL Sur se sacudió de todo rastro de telemendicidad, ese formato que remediaba (interesadamente) a la gente a cambio de exponer sus penurias y clamaba, con pianito, a la misericordia de los espectadores: los tiempos del Lazarillo de Tormes trasladados a la pantalla. Aquello, con Toñi Moreno, se pegó un batacazo en la televisión del PP, partido que sigue sin enterarse de qué va la España real del siglo XXI; y hasta que la fórmula no reventó en Canal Sur, con una audiencia que las estaba pasando más canutas que los casos que salían en la tele, no se remodeló el programa, tras el apercibimiento político.

Desde aquellos arreglos de pena que daban pena, la autonómica ha ido reconfigurando sus mañanas con más indiferencia del público que otra cosa. La mañana… y más es menos que los programas de los demás. Es radio televisada, con una atonía que termina contagiando a sus dos conductores, Álvaro Moreno de la Santa y Blanca Rodríguez, currelantes pero desamparados en un programa de presupuesto más que limitado y mecánica aún más limitada. Es televisión de los tiempos pioneros, donde se suceden cronistas de la casa, médicos y profesionales así, sin despertar interés, curiosidad y aún menos sorpresa. Además de toreros, flamenquito y coartadas culturetas, en las escaletas de Canal Sur también podrían entrar, por ejemplo, actores, músicos, conferenciantes o escritores de fuera que están de visita por Andalucía. Y mientras hablan de sus libros también pueden hacer otras cosas, sin llegar a los paroxismos de El Hormiguero. Y también se puede salir a la calle, a tomar el fresco. Cosas así se hacen en todos los países, sin tener que horadar en los sucesos como hacen los matinales de nuestras privadas. Andalucía a diario, retal de los arreglos con Fernando Díaz de la Guardia, es simplemente Andalucía directo por la mañana, con más pueblo, más rumbeo, autobombo y alarmismo por las vacunas de varicela. Qué jartura de pueblos. Los pobres índices de audiencia de este mañaneo del siglo XIX no son casualidad.

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