desde mi córner

Carlos Izquierdo /

Manolo Jiménez, de Arahal

Clemente insulta a periodistas, trabaja poco y habla mucho, todo lo contrario que el ex técnico del Sevilla

HACE algo más de un mes, Manolo Jiménez se sentó en una sala de prensa y en vez de insultar a periodistas e intentar desviar la atención, dijo lo que sentía, que le daba vergüenza la actitud que había tenido su equipo frente al Málaga tras una goleada infamante en La Rosaleda. No tanto por el resultado sino por una segunda parte de fútbol caído. Vergüenza ni siquiera por el juego sino por la falta de ganas, por la ausencia de espíritu de sus hombres, de lo que se consideraba máximo responsable.

Llevaba prácticamente dos meses en un equipo que es un desgobierno, en un club que nadie sabe a quién pertenece. Allí había llegado el bueno de Manolo Jiménez el día de Año Nuevo, jugándosela como casi siempre en la vida. Como en 2007, cuando cogió al mejor Sevilla de todos los tiempos tras la espantada de Juande Ramos. Contra todo y contra todos, nunca dejó al equipo fuera de Europa, ni siquiera en su despido, cuando iba quinto. Como en 2010, cuando se fue a Grecia y le dio tiempo a ganar una Copa, primer título del AEK en nueve años.

Ahora parece que aquella sincera comparecencia ha calado en el orgullo de sus hombres y que la suerte esquiva acude a su vestuario en forma de milagrosos resultados en el alargue. Cuatro victorias, un empate y una derrota es lo que ha anotado el Zaragoza en su casillero en este último mes. A Jiménez le quedan ocho finales -una ante su Sevilla en 10 días- para intentar lo que era el imposible sueño de la permanencia que ahora parece poder hacerse realidad. Si no lo consigue, le quedará el honor de salir de La Romareda con la cabeza muy alta. Los cadáveres deportivos -léase Javier Clemente, uno de los que más engañó en esta ciudad- intentan ocultar sus miserias y su incompetencia amenazando a periodistas. Trabajan poco y hablan mucho, aun cuando nada tienen ya que decir. Todo lo contrario que Jiménez. Que Manolo Jiménez, de Arahal.

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