La ciudad y los días

Carlos Colón

ccolon@grupojoly.com

Maquillando el cadáver de Sevilla

Homologación de la publicidad: maquillaje del cadáver en que han convertido Sevilla

Oigo al concejal delegado de Hábitat Urbano decir que el Ayuntamiento va a emprender una campaña para corregir la "degeneración paisajística" del entorno más patrimonial de la ciudad, es decir, el que va de la calle San Fernando a la Plaza Nueva y del barrio de Santa Cruz a la Avenida. Y me alegro. Oigo al concejal delegado de Hábitat Urbano seguir diciendo que el Ayuntamiento va a "remediar la banalización y la degradación visual que sufre la zona más sensible de la ciudad, el entorno de los bienes patrimoniales que están catalogados como Patrimonio de la Humanidad", que va a "frenar la degeneración estética que se viene sufriendo" y a "eliminar la contaminación visual"; porque "no se puede permitir más tiempo esta degeneración estética y se hará lo mismo que ya se hace en otras ciudades, crear un modelo estándar para que se ofrezca una cara más amable y menos chirriante". Y pego saltos de alegría...

Por fin, me dije, algo les ha abierto los ojos y las entendederas. Por fin se van a corregir los horrores y errores cometidos en nombre de la justa causa de la peatonalización. Es frecuente que en nombre de las causas más nobles se cometan las mayores barbaridades y es sabido que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Es lo que sucede con el vulgar, cateto y caótico mamarracho en que han convertido la Avenida y la Puerta de Jerez al enlosarlas con las buenas intenciones peatonalizadoras: nunca algo tan positivo dio tan negativos resultados, algo tan esperado defraudó tanto y algo tan bueno se hizo tan mal.

Oídas las palabras del concejal imaginé que al PSOE le había dado un ataque de sensibilidad e iba a enmendar lo tan mal hecho por el alcalde Sánchez Monteseirín y el arquitecto González Cordón para -me permito volver a citar al conceja- "remediar la banalización y la degradación visual de la zona más sensible de la ciudad". Habría árboles de gran porte, aceras, adoquines, ordenación de los tránsitos de peatones, ciclistas y metrocentro, sustitución del mobiliario urbano cutre y rápidamente deteriorado… Pero no. De lo que se trataba era la homologación de la publicidad. Es decir del maquillaje del cadáver en que han convertido el corazón monumental de la ciudad otorgando licencias de bares y veladores sin ton ni son, asfixiando a los vecinos o convirtiendo los espacios públicos en asfixiantes, feos e inhóspitos desiertos de losas.

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