Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Mar

EN la inmensidad del mar de la publicidad hay olas que empapan la cara. De lágrimas. El último spot de Campofrío es el Anuncio. El de esta Navidad. Lo estrenan mañana en la televisión, pero ya ha dado la vuelta al mundo en internet. Los humoristas españoles andan preocupados por si la risa no tiene cabida en este mundo abombado de tragedias. Tienen que consultar esa inquietud con el maestro y allá se reúnen, en un bucólico cementerio, a preguntar en nombre del humor.

Álex de la Iglesia dirige este largometraje de dos minutos y medio. La agencia McCaan Erickson ha reunido a todos esos nombres, sobre todo tan afectivos para nuestra memoria de niños, pensando precisamente así en todos nosotros: las hermanas Hurtado, Bigote Arrocet, ese Fofito con traje de luto y bombín, Pajares y Esteso… En ese anuncio aparecemos todos. Nosotros. Cuando creíamos que este mundo era más bien un chiste. Y De la Iglesia hace llegar tarde a Los Morancos, como esos amigos que se suman siempre con las prisas. Y se dan un abrazo de reconciliación los de Martes y Trece; y Florentino con Chiquito, ellos, que se las tuvieron que ver en un juzgado. Ole. Es un golpe al hígado de los sentimientos. Estilo final de Perdidos. Unas lágrimas entre un mar de risas que nos devuelve esa migaja de confianza que necesitamos para encarar un año que no se cansan de presentarnos como negrísimo. Lo de Campofrío nos hace saltar las lágrimas de la esperanza. La presentadora del informativo de Corea del Norte lloraba el otro día más bien de miedo contenido ante la noticia de su difunto dictador (como Arias Navarro); aquella ministra italiana lloraba de impotencia ante unas medidas que sobrevuelan también hacia aquí; y las lágrimas de Guardiola eran de desahogo tras meses de autopresión. Campofrío nos hace reír de lloros. La risa siempre vence. Ya lo verás.

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