Visto y Oído

Antonio / Sempere

Mariló

HACE más de una semana que Mariló Montero visitó a Andreu Buenafuente y todavía me revolotean en la cabeza sus sentencias, sus salidas, todo lo que fue capaz de contar en un cuarto de hora de televisión químicamente pura. Mariló se quejó de la precariedad económica con la que tienen que trabajar los equipos de producción de TVE. Les pides unas tristes gafas de sol, se quejaba, y ni siquiera te las pueden traer. Pero puso una pica en Flandes por sus compañeros. "Aquí lo puedo decir. En la televisión pública hay unos profesionales acojonantes". Pero claro, sin medios que valgan, tienen que dejar inéditos muchos de sus talentos.

Mariló Montero abogó por el regreso de la publicidad a la televisión pública. Desde que esos ingresos se volatilizaron la deuda se multiplica. Pero las cadenas privadas, más concretamente el duopolio formado por Atresmedia y Mediaset no quiere ni oír hablar del asunto. Sólo por eso fue una auténtica delicia escuchar a Mariló Montero, desmelenada (es un decir, iba tan impecable como la reina Letizia), contundente, diciendo todo lo que pensaba, dominando en todo momento la situación, a pesar de tener enfrente a uno de los grandes.

Aquella noche imaginé en esa sillón sentadas a Ana Blanco, a Pilar García Muñiz, a Anne Igartiburu, a José Toledo, a Eva González, incluso a Mara Torres y a Raquel Martínez (por cierto, qué ganas de ver a la excelsa presentadora de los Telediarios del fin de semana en otro plató, siendo ella misma). Las imaginé a todas sentadas junto a Buenafuente, con el convencimiento de que ninguna se atrevería a meterse en los jardines en los que se introdujo Mariló. Da la impresión de que, cuando quisiera, podría saltar si quisiera a cualquiera de las cadenas privadas. Pero eso no le resta mérito a su desparpajo y a lo bien que nos lo hizo pasar aquella noche con Andreu.

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