Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Matas mata

INTENTO que esto no se convierta en un hábito. No se puede estar hablando los martes del mismo programa, pero es conveniente, justo y necesario hacerse eco de las entregas de Salvados en La Sexta. Aunque sus índices de audiencia no sean estratosféricos, su temática escueza y lo eviten muchos espectadores, es indudable la calidad narrativa y periodística de estos trabajos de Jordi Évole. No hay nadie que toque las teclas de la osadía como El Follonero y que la melodía además de informar, entretenga y fabrique curiosidad.

Salvados se marchó al ojo del huracán de la Zarzuela, a Palma de Mallorca, a contemplar el ascensor del velódromo que da a ninguna parte o a escuchar cómo tintinean los cristales de las lámparas en los amplios salones donde Iñaki Urdangarín organizaba los foros tras pasar por caja. Lo mejor estaba por llegar en las palabras del ex presidente balear Jaume Matas, acompañadas por sus subrayadas arrugas faciales. Matas tiraba piedras y buscaba el escondite para la mano. Evasivas con mala uva. Pero lo más sustancioso volvían a ser esas réplicas, esas preguntas sin querer lanzadas por Jordi. "¿No es raro que en un presupuesto todas las cifras sean tan redondas?", agujereaba con bala en una de esas dudas más que razonables del de Salvados. Nunca un nombre justificó mejor su misión en pro del periodismo en la tele.

Fue un domingo que se despertó con la muerte de Whitney Houston. Aquel prodigio que desde su carrera comercial fue derivando a sombras y que en España tuvo su primer punto suspensivo en la aparición de Sorpresa, sorpresa, en 1999. En 1987, cuando apareció por aquí el debut de I wanna dance with somebody, su videoclip era un habitual recurso de TVE para rellenar los minutos a la espera de un informativo o de una retransmisión. Aquella chica vivaracha de impresionante voz nos coloreó algo aquellos años en Babia.

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