la esquina

José Aguilar

Matrimonio homosexual

DESDE que el Congreso de los Diputados legalizó el matrimonio homosexual, hace seis años y casi medio, se han celebrado alrededor de veintidós mil bodas entre personas del mismo sexo. Parecen muchas, pero en realidad representan menos del 2% del total de las nupcias contraídas entre españoles.

Y no ha pasado nada. Bueno, ha pasado que esas cuarenta y cuatro mil personas adultas han podido legalizar su situación y compartir sus vidas, afectos y propiedades por propia voluntad. Pero el país ha seguido funcionando y las nuevas parejas no han perjudicado para nada a las parejas hombre-mujer que, en número mucho más elevado y también en uso de su libertad personal, se formaron en este tiempo. Contra el augurio de algunos trompeteros del apocalipsis, la familia no se ha destruido. Se han constituido otras familias distintas de las tradicionales. Eso ha sido todo.

El Tribunal Constitucional ha tardado seis años y medio en pronunciarse sobre el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Partido Popular, entonces en la oposición, contra la reforma del Código Civil impulsada por Zapatero que añadió un párrafo al artículo regulador de la materia estableciendo que "el matrimonio tendrá los mismos requisitos y efectos cuando ambos contrayentes sean del mismo o de diferente sexo". Según el PP, la reforma vulneró siete artículos de la Constitución, y especialmente el 32 ("El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica").

El PP interpretaba esta alusión en el sentido de que los contrayentes a los que se declara iguales han de ser necesariamente un hombre y una mujer, no dos hombres ni dos mujeres, tal y como se ha concebido esta institución durante siglos y como figura en la inmensa mayoría de las legislaciones del mundo. También figuraba así en el Diccionario de la Real Academia Española, aunque los académicos acabaron admitiendo la nueva acepción: es igualmente un matrimonio la unión concertada de dos personas del mismo sexo. No todo el PP pensaba igual. Líderes populares como Esperanza Aguirre, Celia Villalobos o Esperanza Oña se pronunciaron contra el recurso, alentado por los obispos y los sectores conservadores más ideologizados.

El TC acabó, ayer, con la incertidumbre al certificar, por ocho votos frente a tres, la plena constitucionalidad del matrimonio homosexual y la pertinencia de ese nombre. Declara normal, en fin, lo que la sociedad española considera normal. Si dos gays o dos lesbianas que deciden unirse legalmente se sienten un matrimonio y quieren llamarse matrimonio, ¿quién es nadie para negárselo? No se me ocurre una razón más potente para nombrar ese vínculo.

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