Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Mazazo

DECÍAMOS el otro día que el 23-F sin las cámaras de televisión se hubiera convertido en una hazaña patriótica, la gesta de unos osados, a la que habrían intentado apelar en sucesivos tiempos de crisis. Para los verdaderos fachas del País Vasco las imágenes de un hombre desquiciado arramblando una sede social abertzale es "una muestra de fascismo". Si hubiéramos visto las imágenes de cómo asesinaban los etarras a sus víctimas indefensas aún nos repugnaría más el terrorismo. La reacción ciudadana habría llegado antes. Por lo pronto me gustaría dejar de oír algún día en los informativos de televisión que los que defienden a ETA son de la "izquierda" abertzale. La palabra "izquierda" tiene un componente de decencia y solidaridad que resulta una cínica paradoja catalogarlos en tal tendencia.

La impunidad y la inmunidad con que actúan los proetarras se comprueba en las escasas medidas de seguridad de sus chiringuitos frente a los cristales blindados y exposición a las pintadas que tienen las sedes del resto de partidos. Y sin embargo fue una sola persona, un hombre con el carácter suicida de los que ya no tienen nada que perder, el que se atrevió a asaltar la sede de estos ilegales. Al día siguiente era un poco turbador que los políticos vascos y un buen puñado de contertulios matinales pasaran de puntillas sobre el asunto y condenaran la violencia del asalto del solitario Emilio Gutiérrez, como si hubiese sido un atentado más. La reacción de este hombre es la respuesta a la falta de respuestas. Cuando los políticos se dedican a mirar por sus votos y a mirar para otro lado hay quien sale de las filas del silencio y del miedo y se lía a mazazos de desesperación. Al final el Rh de la hipocresía iguala a los políticos. Le reímos las gracias a un zapatazo y nos acojona una maza.

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