LOS propietarios de una macrodiscoteca de Águilas (Murcia) llamada La Meca han decidido cambiar algunos elementos arquitectónicos del local. Se gastarán 100.000 euros en la remodelación.

No ha sido por gusto, sino por miedo. Por miedo a la intransigencia de los fanáticos. Nadie había objetado durante años de exitoso funcionamiento de la discoteca ni su nombre, ni que el remate de su cúpula fuera una media luna ni que parte de su arquitectura simulara un minarete. Vamos, que parecía una mezquita, como otros tantos establecimientos de ocio que se decoran con criterios temáticos.

Hasta que un incidente con un musulmán que no quiso trabajar de portero en La Meca saltó a ese caldo de cultivo de todos los radicalismos que a veces es internet, y a los vídeos con imágenes de los propietarios siguieron las llamadas al boicot de los intereses españoles por una sura del Corán que ordena demoler cualquier sitio donde "se mencione el nombre de Alá en vano", y de los vídeos se pasó al ataque a la página web de la disco por parte de un pirata informático que exigía el cambio inmediato del nombre. De lo contrario, "habrá una gran guerra entre España y el pueblo del Islam", amenazaba la criatura.

Se comprende el temor de los dueños de La Meca, ingenuos ellos al creer que seguía siendo un gesto amable y atractivo bautizar comercios con el nombre de la Meca de los pantalones o que decir la Meca del cine era el no va más en la producción cinematográfica. Tanto pavor les entró que aceptaron la inspección de varios líderes de la comunidad islámica de Murcia, quienes, como peritos de la ortodoxia, supervisaron la macrodiscoteca, hicieron fotos, tomaron notas y preguntaron, y dictaminaron: esto hay que cambiarlo.

Así se hizo. La Meca será a partir de ahora La Isla y se quitará todo aquello que pudiera soliviantar los espíritus sensibles de los musulmanes del mundo. Si el anuncio de un cura loco de que iba a quemar ejemplares del Corán ha movilizado a la Casa Blanca, no iban a ser unos modestos empresarios murcianos del sector del ocio quienes se inmolasen por un quítame allá esos minaretes. Se trata de ganarse la vida sirviendo copas y poniendo música, no de hacer el héroe y exponer a los clientes a la furia de locos de otro signo. Aún lleva escolta el dibujante que tuvo la ocurrencia de caricaturizar a Mahoma. Todavía si hubiera ofendido a Benedicto XVI...

Es triste que estas cosas sucedan en un país libre. En justa correspondencia deberían cerrarse todos los bares y discotecas que se llamen, por ejemplo, La Sacristía, El Sagrario, El Vaticano, La Sinagoga, El Cura o El Buda. O todos moros (perdón: musulmanes) o todos cristianos.

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