Desde el fénix

José Ramón Del Río

Mediación real

SU Majestad el Rey se ha ofrecido a poner de acuerdo a los agentes sociales para conseguir llegar a un pacto a fin de superar la crisis. Creo que es la primera vez, en los años que llevamos de monarquía, que el Rey quiere hacer uso de las facultades que le atribuye la Constitución de arbitrar y moderar el funcionamiento normal de las instituciones. Lo que está en discusión es si su actuación, reuniéndose, hasta el momento, con el presidente y la vicepresidenta del Gobierno y los responsables sindicales, está dentro del supuesto constitucional. Se dice que no es tarea del Rey enjuiciar la actual situación económica y también se dice que si no ha sido el Gobierno el que ha pedido la intervención del Rey se trata de una oficiosidad por su parte, y si el Gobierno la ha pedido, que constituye un palmario reconocimiento de su incapacidad para resolver la crisis. Otros presentan la intervención real como solicitada por el presidente del Gobierno y alaban su astucia porque colocaría al PP a extramuros del sistema, si se niega a colaborar. Esto último tiene bastantes posibilidades de ser cierto, porque El País, que siempre conoce lo que se cuece en el Gobierno y lo que interesa al PSOE, ya ha titulado "El PP impide el pacto de Estado" y, por si fuere poco, en la ronda de consultas, al primer partido de la oposición se le convoca en ultimo lugar, con lo que, si el Gobierno llega a acuerdos con los demás y el PP no se suma, quedaría demostrado lo que se trata de demostrar.

Tampoco se descarta que se trate de una operación de imagen de La Zarzuela, para contrarrestar la mala causada por el anuncio del divorcio de la Infanta, que será, en todo caso, de su matrimonio civil, pero no del canónico, que continua subsistente hasta que se anule, y por el trato dispensado al esposo, borrado de las fotos de la familia real y mandado al desván de lo inservible en el museo de cera. Algunos dicen que los sentimientos monárquicos en la actualidad son más bien tibios, porque los miembros de aquélla no se han exigido rigor en sus conductas, con amistades peligrosas, escapadas inexplicadas y matrimonios a la conveniencia, con lo que el pueblo puede llegar a pensar que no hacen demasiada falta. Es posible que don Juan Carlos haya hecho muchos prosélitos entre republicanos de toda la vida. Habrá que preguntarse cuanto le durarán estos prosélitos y si su número compensará al de monárquicos, también de toda la vida, desengañados porque la familia real no cumple con las reglas de la institución.

Realmente no se comprende qué utilidad puede tener la intervención de S. M. para poner de acuerdo a las fuerzas políticas a fin de llegar a un pacto que nos saque de la crisis. Ésta no se resolverá con pactos, sino con medidas. Hablar por hablar sirve de poco. Al Gobierno le toca gobernar; a la oposición, criticar la acción del Gobierno y sugerir otra mejor y al Rey... presidir la sesión constitutiva de las Cortes.

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