Editorial

Medidas urgentes ante la crisis

DESPUÉS de semanas de malas noticias continuas, el Banco de España ha terminado por encender todas las alarmas acerca de la desaceleración que sufre la economía nacional. Según sus previsiones, el Producto Interior Bruto crecerá este año un 2,4% y un 2,1% durante 2009, especialmente a causa del parón en el sector de la construcción, uno de los motores principales del crecimiento económico de los últimos años. Ello hará disminuir el nivel de empleo, que puede rozar de nuevo los dos dígitos el año que viene, y provocará la desaparición del superávit de las cuentas públicas, al reducir considerablemente los ingresos fiscales y, a la vez, obligar a hacer frente a las prestaciones por desempleo. Sólo en el sector de la construcción se prevé la destrucción de 200.000 puestos de trabajo. Los datos hechos públicos las últimas semanas son desalentadores: no se construyen viviendas, no se venden los pisos ya construidos, presentan suspensión de pagos algunas importantes inmobiliarias y se resiente el mercado de bienes de consumo (por ejemplo, de automóviles, cuya venta ha experimentado la mayor caída de los últimos 15 años). Ante este panorama resulta criticable la posición adoptada hasta ahora por el Gobierno en funciones, que desde el primer momento, probablemente por motivos electorales, restó importancia a la crisis -la propia palabra quedó excluida del lenguaje oficial- dejando pasar el tiempo sin adoptar medidas que ahora se revelan urgentes. Junto a los incentivos al consumo, son necesarias medidas encaminadas a aumentar la obra pública generadora de empleo y a mejorar la productividad del trabajo, verdadera laguna de nuestro sistema productivo. El tancredismo es la peor medicina para este tiempo de crisis. Zapatero está obligado a presentarse al debate de investidura con un auténtico programa de choque ante esta situación, tras haber desoído los avisos previos.

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