Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Medio siglo de un hecho clave

En el Carranza del 58, tras una gran trifulca, el Madrid tomó el testigo del Sevilla, que tardó 23 años en volver

ESTÁBAMOS en el tramo final del verano y Cádiz se enjabelgaba para ser más tacita que nunca al rebufo del fútbol, de ese fútbol internacional que, aunque amistoso, servía para matar el gusanillo de una Liga pronta a empezar. Se cumple ahora el medio siglo de un Carranza que fue punto de inflexión para que las cosas cambiasen radicalmente. El gran torneo gaditano se había asentado gracias al Sevilla. Sin el Sevilla, y sin los sevillanos, aquella criatura no habría superado el destete. Aquel invento de dos ramones tan insignes como Pizjuán y Carranza cumplía ese verano del 58 su cuarta edición y aparecía en escena el Real Madrid.

El trofeo se creó en 1955 para celebrar el ascenso del Cádiz tras un largo periodo en Tercera y, sobre todo, para que luciese el coqueto estadio recién levantado a la entrada de las primeras casas de Cádiz, bastante lejos para el gadita puro de Puertas de Tierra. Cádiz, la Tacita de Plata, empezaba en esas puertas y lo demás era la nada. Se anunciaba el cuarto trofeo tras una rotunda supremacía sevillista en los tres primeros, pero Cádiz también crecía y el Trofeo necesitaba del empujón definitivo. Y ese impulso se lo iba a dar el Real Madrid de Di Stéfano y, desde ese verano, también de un gordo húngaro y genial que atendía por Ferenc Puskas.

Ya cuadrangular, la final fue la deseada tras dejar en la cuneta el Sevilla a la Roma y el Madrid al Wienner Sportclub. Era un fútbol amistoso, pero no cabía la amistad entre dos enemistados desde tiempos pretéritos. Una entrada racial de Campanal a Santisteban fue el detonante para una de las mayores trifulcas que se vieron en un campo de fútbol. El Madrid se negaba a jugar si Marcelo seguía en cancha, el Sevilla no tragaba, pero se salió con la suya el Madrid en ese lance y también en el marcador. Ahí tomó el Madrid el testigo de la supremacía gaditana y el Sevilla tardó en volver lo que le duró la contrariedad, veintitrés añitos... y para que se lesionase Montero.

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