-y a usted, ¿le atienden?-

Pedro Caballero-Infante / Caballeroinf@ Hotmail.com

Mejor imposible

LAS farmacias son, entre otras cosas, barómetros (en este caso mejor termómetros) de la economía nacional. ¡La de verdad! La del ama da casa que recibe la escasa paga semanal que le dan al marido en el tajo. La de la hija soltera que ha de estirar la pensión de su padre viudo hasta límites inconcebibles.

No tener dinero para pagar y recurrir al triste apúntamelo es duro, tanto para el solicitante como para el receptor. En actividades no vitales puede ejercerse el pragmático lo siento, pero en productos de primera necesidad como la alimentación y la salud hay que ser muy duro para negarse.

Estas consideraciones las está debatiendo don José con su amigo Antonio, el periodista, cuando desde la rebotica oyen a una señora despotricar contra la Seguridad Social, a cuenta de la tardanza en la lista de espera para someterse a una operación de cirugía bariátrica.

Antonio le pregunta al boticario en qué consiste esta operación y tras contestarle éste que para curar la obesidad, el periodista se indigna con el comentario de la señora.

-Si la mujer hubiese visto la película Mejor imposible, sin necesidad de más información, sabría que la tan pregonada calidad de vida de los estadounidenses carece de una Seguridad Social como la española.

Su amigo lo frena un poco al explicarle que este tipo de intervención sólo se recomienda, y de hecho se realiza, en personas diagnosticadas de obesidad mórbida, enfermedad distante de la obesidad ocasionada por la gula. No obstante, el farmacéutico le dice acto seguido:

-Estoy de acuerdo contigo en la baja valoración que la gente hace de lo que disfruta; quizás responda al viejo adagio de que las cosas no se aprecian hasta que nos faltan.

Como la irritación de la obesa, que no responde a la patología mórbida, persiste, la tertulia ha derivado hacia los regímenes dietéticos.

-Yo, aunque no se lo creái, era un pirulí de La Habana. Fue parí a mi Remedio y empesá a engordá como las hermana canaria.

Conchi, osada como ella sola, le recomienda a la señora determinados planes adelgazantes:

-¿No ha hecho usté er plan de los sobre?

-Son caro.

-¿Y er de las barrita?

-¡Más caro entavía!

-Ojú.

Los dos amigos, dispuestos a tomar su café, entran en el coloquio apuntando el boticario lo que es su caballo de batalla.

-Hay que hacer más ejercicio.

-los gimnasio están como apuntarse. ¡Tela de caro!

Y la señora hace un relato pormenorizado de mezquindad echando por tierra cualquier tipo de alimentación. La frutaý ¡cada vez está más cara!, la ternera, ¡ni te cuento!

-¿Y er pollo?

-Er pollo se lo va comé su puñetero pare. ¡Son de plástico!

En éstas ha entrado el hijo de la obesa y le indica que su coche, en doble fila, estorba. Cuando Carmela, asomando la gaita, comprueba que es un modelo cuatro por cuatro de alta gama, espera que la aludida entre y sin poderse aguantar le dice.

-A usté lo que le pasa es que es más agarrá que un mono a un columpio yý

-¡ý te estiramenoquer portero un fusbolín!, apostilla Bollito.

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