Plaza nueva

Luis Carlos Peris

Memoria de Pepe Luis

VOLVEMOS a apoyarnos en la vieja conseja de que el toreo sin literatura corre el peligro de quedarse en la muerte de un animal a pinchazos y eso no puede ser. En la semana recién concluida se han dado varios hechos muy relevantes para que el toreo escape de la persecución que sufre y vuelva al escaparate que le dan las letras. Y entre esos hechos hay que destacar un fallecimiento y un caluroso homenaje. Justo en la semana en que murió su gran amiga Conchita Cintrón era homenajeado por partida doble Pepe Luis Vázquez y eso es algo que no puede pasar de puntillas por la Galaxia Gutenberg. Sobre todo ese reconocimiento que Sevilla se ha hecho a sí misma, a carne de su carne, pues se ha repetido en innumerables ocasiones que Pepe Luis no es un torero de Sevilla, sino Sevilla misma.

Pepe Luis, que escucha pasar los días recluido en su casa de Beatriz de Suabia, en el corazón del Nervión más auténtico, ha recibido el reconocimiento de los intelectuales y el institucional que suele efectuarse en la Feria del Toro. A ninguno pudo acudir el prodigioso torero de San Bernardo porque ya digo que su vida se ha circunscrito a escuchar cómo pasa el tiempo. Con la cabeza limpia para recordar lo mismo su faena al toro de Villagodio en Valladolid que al de Castillo de Higares con que asombró en un San Isidro de posguerra y cuya cabeza preside la entrada de su casa; igual que se acuerda de la faena que quisieron hacerle en Murcia cuando reapareció. Se habían quitado Ordóñez y Miguelín del cartel y la autoridad -la autoridad de entonces, año 1959- quiso obligarle a que él matase toda la corrida. "Señores, ya estoy de vuelta en Sevilla. Vengo con el valor justo para dos toros y queréis que mate seis, vamos, por Dios". Y se volvió a casa.

Pepe Luis fue para Sevilla lo que antes había sido Chicuelo y lo que todavía continúa significando Curro Romero, el torero en que Sevilla ponía todas sus complacencias. Y, como Chicuelo y Romero, Pepe Luis nunca fue amigo de los barullos y de las bullas. En sus comportamientos, introvertidos y hablando sólo para interlocutores que mereciesen la pena, eran, son, tres gotas de agua. Y ahora, cuando escucha cómo pasa la vida, le llegaron dos reconocimientos enlazados por cuarenta y ocho horas de emociones. Reconocimientos en la semana en que nos dejaba Conchita Cintrón, pepeluisista y la mujer que mejor ha cogido los avíos. Redundo en que el toreo necesita de música y letras para que no pierda la grandeza, para que no se quede en la cruenta muerte de un animal, sino en algo más, en mucho más, que el homenajeado por Sevilla no era sólo un torero de Sevilla, sino que es Sevilla. ¿Algo más sevillano que Pepe Luis?, pregunto.

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