La ventana

Luis Carlos Peris

Memoria de aquellos narraluces

DESDE ayer se hace mucho más sugerente pasear por la Plaza Nueva. Desde ayer, sístole y diástole del corazón de la ciudad laten al compás de la lectura. Se inauguró la Feria del Libro y aquello será ágora donde la tertulia nazca por generación espontánea, siempre al rebufo del libro. Cada día habrá algún motivo para intentar ese encuentro tan inesperado como agradable, el darse de cara con ese amigo al que hace tiempo que no ves y con el que se pega la hebra mientras la gente va y viene con la curiosidad en perfecto estado de revista. Y cada vez que ha lugar la Feria del Libro se retrotrae uno a aquellos tiempos en que nació una generación de escritores que se bautizó como narraluces. Y me acuerdo de Manolo Ferrand, de Alfonso Grosso, de Aquilino Duque, de Manolo Barrios, de José María Vaz de Soto o de un jovencísimo Antonio Burgos. Cuánto ha llovido, Dios...

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