La ventana

Luis Carlos Peris

Memoria de una velada entrañable

ESTÁBAMOS la otra noche como a favor de querencia, en el corazón de uno de esos tabernáculos donde el toreo se consagra a diario mediante un ejercicio de fidelidad y de cariño que contribuyen decisivamente a que la Fiesta siga vigente. Alguien dijo alguna vez que el toreo sin alguien que lo cante o que le escriba se circunsucribe a la muerte de un animal a pinchazos. No sé qué de cierto lleva esa aseveración, pero la otra noche en Salteras pudimos comprobar cómo la peña del Cid le da al toreo el calor necesario para que su subsistencia no raye lo utópico. Moderaba Carlos Crivell y se lucían mano a mano José Antonio Campuzano desde la sinceridad más sentida y Manuel Jesús en el patio de su casa con la presencia de un avispado novillero de Espartinas, Javier Jiménez. Fue una velada para el recuerdo y de la que en loor de multitud salieron por la más sentimental puerta grande Campuzano el Grande y la Fiesta, ambos a dos.

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