Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Menonitas

EL cubo, de Cuatro, es la versión en pruebas de habilidad del suspense de El millonario, recién rescatado de La Sexta, ahora con un remedo del juego de la silla. Alta tensión fabricada para aderezar unos concursos que de otra manera no durarían más allá de diez minutos y que sin rostros preocupados no tendrían tanta mordiente. La mecánica y el interés residen en la atmósfera amasada en el plató más que en el juego en sí. El cubo es una campana acristalada donde se desarrollan desafíos de pericia, con concursantes que lo pasan tan mal, o eso parece, como si se estuvieran jugando la vida. Raquel Sánchez Silva, de especialidad sus realities, jalea y se pone de los nervios con las evoluciones de los 'cuberos'. Después de intentarlo durante tantos años en programas de todo calibre y calaña en Cuatro, Sánchez Silva halló cobijo junto a Jorge Javier Vázquez, flautista de Hamelin. Ella ahora luce la vitola de levantar lo que le pongan por delante, como este Cubo que en otras manos tal vez ya sería carne de cancelación. Raquel está remontando a pulso las cifras de seguidores de un pasable concurso con tintes de videojuego, a modo de circo de gladiadores, con los familiares del protagonista mordiéndose las uñas.

Estamos ante un pasatiempo más efectista que efectivo, que se deja ver aunque a veces chirríe de exagerado. Diferente al estilo de Adela Úcar, que regresó este lunes, también en Cuatro, con sus 21 días. Con los menonitas, los de Único testigo, a modo de parque temático de los tiempos de La casa de la pradera, Úcar cuenta con naturalidad (cámara en mano en la letrina, por ejemplo) y sinceridad, sin abusar del yoísmo, sus experiencias. 21 días juguetea con el sensacionalismo, pero su reportera controla el producto para que no caiga en el ridículo. Los menonitas, ingenuos talibanes en su cubo decimonónico, dieron juego, claro, a Adela.

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