La tribuna

José Chamizo De La Rubia

Menores e internet: del PC al FC

LAS llamadas nuevas tecnologías ya no lo son tanto, al menos por lo de recientes y, al margen de quienes siempre buscan lo último para pretender estar en la vanguardia imposible de estos aparatos y su manejo, la utilización colectiva de tales técnicas ya es una perfecta realidad social. Su empleo ha entrado en el ámbito de lo doméstico, lo que significa que nos hemos convertido casi sin quererlo en personas usuarias de facetas cada vez más variadas. La mensajería electrónica, el uso comercial, nociones que se vuelven necesarias para el desempeño de nuestro trabajo o fórmulas de aprendizaje son usos perfectamente acomodados en nuestro quehacer diario. Y la cosa va a más. Hacemos muy bien en aprovechar sus ventajas pero, también, nos aventuramos en sus riesgos. Porque los hay.

Me preocupa la dimensión personalísima de muchos de los contenidos de estas comunicaciones y la relajada actitud de quienes abordan su presencia en la red o sus mecanismos de relación colectiva sin mayor atención. Este valor de prevención lo echo en falta precisamente en la gente joven, donde se unen dos notas: la enorme capacidad de asimilación de estas técnicas y su natural descuido.

Acostumbro a hablar mucho con todos los protagonistas de la vida educativa; y las redes informáticas, los foros temáticos, las comunidades creadas para la comunicación cibernética son una realidad absoluta en este ámbito. La novedad de un centro educativo o el pulso de actualidad de cualquier clase es el tema que circula en estas redes al terminar la jornada escolar. Un día en el Instituto no se entiende sin los comentarios del foro de la tarde anterior.

Y esa actitud abierta, relajada, de gente que aprende y se abre a la vida en un espacio ciertamente universal, no debe quedar al margen de la presencia de los mayores. Comentaba hace poco que la puerta que guarda el ordenador se ha convertido en un perfecto muro de desconocimiento de mayores hacia los hijos. Se habla de la brecha digital como un concepto técnico y se ha convertido en algo generacional.

La desatención en este ámbito de relaciones no es buena. Y lo mismo que nos interesa quién sale con la niña o forma pandilla con nuestros hijos, haríamos bien en conocer el destinatario de sus conversaciones y trato de teclado.

Para empezar, creo que son los mayores quienes deben aprender y avanzar, como dicen los expertos, en una inmersión tecnológica. Debemos familiarizarnos con estas vías de contacto, con nombres muy raros, pero que son la nueva puerta al mundo de nuestros hijos. Un mundo que en sus contenidos es tan abierto y sorprendente como desconocido e imprudente.

Desde el Defensor del Menor estamos dando continuos avisos para mejorar muchas condiciones de uso por menores de estas tecnologías y lo hacemos gracias a poner toda nuestra atención en las inquietudes que pulsamos en la sociedad. Procuramos honestamente estar atentos y fuimos impulsores en su día de la norma que desde 2007 está en vigor para proteger los intereses de menores ante estas tecnologías de la información y la comunicación.

Sepan que existen herramientas que trabajan como filtros para impedir el acceso de muchos contenidos inadecuados al ordenador de los niños; sistemas y portales que resultan divertidos y muy bien tutelados. Pero quedan aspectos esenciales por acometer con eficacia, tales como el control efectivo de las cibersalas, su acceso por menores y la selección de contenidos y programas que se ofrecen en estos locales, que dejan mucho que desear. Falta coordinación entre las administraciones que deben actuar y su papel dentro del régimen sancionador establecido. Es curioso que asumamos prohibir la venta de determinadas revistas a menores mientras que permanecemos indiferentes ante los contenidos descargados por chavales a golpe de ratón.

Pero, atención, comprendamos que ningún programa con vocación de cibertutor enervará nuestra directa responsabilidad. Hay que superar tanta computadora personal para avanzar hacia el ordenador familiar; o -dicho en el argot- construir el salto del PC al FC, como una herramienta compartida por toda la familia y para la casa.

Está claro que el problema es más de fondo porque hablamos, al fin y al cabo, de relaciones, de trabajar un ámbito de comunicación entre personas mayores y menores que, en este particular capítulo, también chirría como en otras muchas facetas.

Tenemos que entrar a jugar en este campo. Pero de poco servirá si al llegar a casa, tú a tu cuarto y yo al mío. Eso sí; con suerte un día gracias al ancho de banda descubriremos lo que siente nuestra hija al colarnos en su red de amigos.

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