Crónica personal

Pilar Cernuda

La Mesa

JOSÉ Blanco anda cabreado porque Eduardo Zaplana le ha dicho nones a su mesa ideal. Una mesa que es Mesa con mayúsculas, la Mesa del Congreso de los Diputados, en la que al PSOE le corresponden cinco puestos y al PP cuatro, en virtud de sus respectivos resultados electorales.

Blanco, como ocurrió en la anterior legislatura, pretendía y pretende que el PP ceda uno de sus puestos a CiU o al PNV, y que el PSOE ceda otro, para que en la Mesa estén los grupos mayoritarios del nacionalismo y se vea lo que los socialistas repiten tanto: la diversidad. Pero Zaplana no se ha dejado seducir, como tampoco lo hizo la vez anterior, a pesar de que al PP le costó nada menos que la presidencia del Senado su insistencia en mantener sus cuatro puestos en la Mesa del Congreso. Ahora el PSOE amenaza con no dar al PP ni una sola presidencia de comisión en el Congreso. A eso se llama talante.

Ahora los populares aún tienen más razones que antes para mantenerse en sus trece: en la legislatura que acaba de terminar el PP ha sido la única oposición, se firmó contra él un Pacto del Tinell excluyente por el que no se permitía aprobar absolutamente ninguna iniciativa que procediera de ese partido, se puso de moda el llamado "cordón sanitario" para intentar aislarlo de todo y de todos, e incluso se escenificó ante notario la decisión de una formación política, CiU, de que nunca pactaría con el PP, una de las imágenes más ridículas de la anterior legislatura.

Blanco se basa en el respeto a los nacionalistas para intentar que el PP ceda un escaño, repite hasta la saciedad que hay que tener en cuenta la diversidad española y que esa diversidad debe tener su reflejo en el Congreso. La tiene, cosa distinta es que la tenga en su Mesa cuando los nacionalistas no han logrado el número suficiente de votos para tener un asiento en ella de forma automática. Que se le pida al PP que les ceda un sitio es mentar la soga en casa del ahorcado: tanto PNV como CiU han hecho todo el daño posible al PP y más, se han aliado permanentemente con el PSOE y el Gobierno para intentar borrar al PP del mapa, no han apoyado jamás una sola de sus propuestas, hasta el punto de que, cuando eran de sentido común, se apresuraban a presentar otra prácticamente idéntica con el PSOE para no sumarse a nada relacionado con el PP.

Así las cosas, ¿cómo se le puede pedir que renuncie a sus cuatro puestos? De ellos depende que, en un momento de cordura, pueda conseguir algún apoyo y la mayoría suficiente en la Mesa para que el Congreso debata alguna cuestión que considere fundamental para hacer oposición al Gobierno, desde la creación de una comisión de investigación hasta la inclusión en el orden del día de un asunto que pueda ser incómodo para los gobernantes.

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