Alto y claro

Meter el dedo en el ojo

OBRA pública que se inaugura, ocasión que aprovechan Monteseirín y/o Torrijos, que tanto monta monta tanto, para meterles el dedo en el ojo a quienes discrepan de su gestión y presentarlos como miembros de la Sevilla antigua, rancia, caciquil, derrotista, catastrofista, apocalíptica y otros epítetos por el estilo. El último ejemplo fue la apertura de una Alameda tan inacabada como la sinfonía de Schubert pese al retraso de año y medio en las obras de remodelación. Pecata minuta para el alcalde y su socio político, que prefirieron tapar simbólicamente el socavón del Metro tras su imposible entrada en servicio el 20-D (¿cuántos anuncios fallidos van ya?) convidando a calentitos, buñuelos y castañas al personal en la Alameda y remitiendo al plazo de garantía de la obra para curarse en salud. Monteseirín y Torrijos podrían patentar el método: adelantar -la paradoja es que dentro del retraso- la recepción de obras con tal de hacerse la foto inaugural y posponer ad calendas graecas los detalles pendientes. Y al que ose criticar se le responde con la doctrina oficial de que quien no habla no se equivoca o de que quien no incurre en fallos ni en retrasos es quien no hace nada. Cierto, pero lo uno no empece lo otro y hay retrasos y retrasos, ya que no es lo mismo un mes, tres o seis que año y medio. Pero si al menos medio bien está lo que medio bien acaba, en vez de disfrutar del minuto de gloria y del corte de la cinta y brindar el paseo a toda la ciudad para que toda lo haga suyo, Monteseirín y Torrijos siguen emulando a Arafat. Del líder palestino se decía que nunca perdía la oportunidad de perder la oportunidad de firmar la paz en Oriente Próximo, por más que Carter y Clinton se la pusieran en bandeja a él y se la impusieran a sus aliados israelíes. El alcalde y Torrijos nunca pierden la oportunidad de insistir en sus tesis sobre las dos Sevillas y de que ellos gobiernan a favor de una y contra la otra. Y mientras ensalzan a su Sevilla, caricaturizan de forma esperpéntica a la anti Sevilla. En vez de integrar y serlo de todos, el alcalde divide. ¿Por qué se sorprende entonces del rechazo que sufre en las encuestas? De tanto dividir tiene hasta dividido a su propio grupo municipal. Es su sino: gobernar siempre sobre una mitad.

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