Editorial

El Metro: nuevos plazos y azares

LA consejera de Obras Públicas, Rosa Aguilar, anunció hace unos días en el Parlamento que la intención del departamento que lidera es licitar un tramo de la futura línea 3 del Metro de Sevilla en 2011. La noticia, que venía precedida del anuncio informal que unos días antes hizo el alcalde Monteseirín, que dijo a la prensa que existía un principio de acuerdo con la Junta para desbloquear toda la red del ferrocarril metropolitano, supone en la práctica la imposición de un nuevo calendario para una infraestructura cuyo éxito -comercial y social- no ha sido mayor por los límites adoptados en su momento durante el proceso de construcción de la línea 1. Con independencia del tramo elegido como prioritario por el gobierno local y la Administración autonómica (el que conectará Pino Montano con el arco de la Macarena), lo trascendente es que Obras Públicas no ha respetado sus propias previsiones iniciales. Mucho más grave: la consejera, que en sede parlamentaria dijo que los proyectos técnicos de construcción del resto de las líneas estaban listos, ha intentado disimular bajo un debate semántico bizantino, y apelando a la participación ciudadana, lo que no es más que un evidente incumplimiento. Los proyectos técnicos de las líneas 2,3 y 4 no sólo no están hechos, sino que no se terminarán hasta 2011. La fecha elegida para la reactivación de las obras no es pues tanto una buena noticia como la consecuencia de una dejación política que habría que empezar por reconocer. Sólo así los plazos, calendarios y promesas de Obras Públicas sobre la viabilidad presupuestaria del Metro tendrán la credibilidad necesaria. El nuevo escenario que va a condicionar la construcción de la red se antoja fruto del deseo más que de la realidad, por cuanto supone construir tramos distintos de tres líneas diferentes en simultáneo. Habrá que ver si esta promesa se cumple, ya que de momento sólo está confirmada la licitación de una parte de la línea 3. Sí parece adecuado el teórico acuerdo con el Consistorio para que todas las líneas sean, en lo posible, subterráneas. Es lo que dicta la lógica si se quiere tener un sistema público de comunicación ágil y eficaz. Todos los metros del mundo son subterráneos. En superficie sólo circulan los tranvías.

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