LA decisión del PP de vetar el nombramiento de Felipe González como Hijo Predilecto de Sevilla por el hecho de que el ex presidente del Gobierno llamó "imbécil" al líder de los populares, Mariano Rajoy, durante un mitin en la pasada campaña electoral nos parece un argumento inconsistente y de difícil justificación. Recuérdese que Felipe González se expresó en tales términos en el fragor de la campaña, que pidió perdón a Rajoy públicamente a las 24 horas por si se había sentido ofendido y que el adjetivo está tan devaluado por su uso en el lenguaje cotidiano que en verdad no puede ser tomado como piedra de escándalo para negarle por segunda vez la concesión de esta distinción al único sevillano que ha presidido el Gobierno de la nación en Democracia y que forma ya parte, con sus luces y sus sombras, de la historia de España. Si en la Transición toda la sociedad española hizo del perdón y la reconciliación el leitmotiv de un proceso político desde la Dictadura a la Democracia que maravilló al mundo, ¿cómo puede mantenerse un sentimiento de agravio contra un personaje histórico por lo que en puridad sólo fue una mera salida de tono en el acaloramiento de un mitin electoral? El argumento es tan feble y fútil que incurre en la mezquindad política y se vuelve con un efecto boomerang contra quienes lo emplean para sostenella y no enmedalla en su oposición a que el ex presidente del Gobierno goce del reconocimiento público por parte de su ciudad natal, sabedores los miembros del PP municipal que Felipe González no aceptará el nombramiento de Hijo Predilecto si no es por el consenso de todas las fuerzas políticas. Por más que al PP le repela Felipe González, son hechos objetivos que durante más de 13 años presidió el Gobierno de la nación y que, aunque cometiera sus errores, integró el país en las instituciones internacionales y consolidó el régimen democrático que había sobrevivido a la intentona golpista del 23-F. Asimismo, siempre hizo gala de su sevillanía y soportó todas las críticas que se vertieron contra él por las inversiones realizadas en Sevilla con motivo de la Expo 92, un evento que puso de golpe a la ciudad en el siglo XXI . No es con mezquindad como el PP de Zoido ganará espacio político en Sevilla, sino con altura de miras y generosidad.

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