La ventana

Miedo da ver la Feria que se nos está urdiendo

SERÁ una gigantesca feria que nada tendrá que ver con lo que fue la Feria de Sevilla, aquella concentración intimista y llena de familiaridad que sirvió para que el nombre de Sevilla cobrase aún más predicamento en el mundo del que ya tenía con anterioridad. Esto no hay quien lo pare y ayer venía en estos papeles el reflejo de lo que será la Feria cuando se vaya al Charco de la Pava, que, tal como caen y caen los tacos de almanaque, será ya mismo. Miedo dar sólo verla en el papel, qué distancia de una punta a otra, desde el Patrocinio a Tablada, qué barbaridad. Y barbaridad, sobre todo, cuando esta expansión se hace únicamente para contentar a los que están en lista de espera para tener una caseta en propiedad. Y, tal como está el tirón taquillero, veremos una Feria llena de casetas, con una barbaridad de casetas, y poquísima gente por la calle, como si en vez de un recinto ferial fuese un cementerio... o parecido.

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