PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Miedo a la desaparición

LAS desapariciones de niños y adolescentes están a diario presentes en el ánimo de muchísima gente. Esa conmovedora realidad se encardina aún más con el martilleo mediático de los programas de interés humano, y con los de ficción como Desaparecida, estupenda e inusual serie en España por su estilo y por el triunfo de grandes actores de teatro: Miguel Ángel Solá y Carlos Hipólito. Está dejando huella la España de las desapariciones y de las angustiosas búsquedas. En todos los lugares y tránsitos de la infancia cotidiana fuera del hogar y del aula.

Fíjese en el entorno de los colegios y de los recintos de actividades extraescolares, en los parques, en los espacios comunes de los bloques vecinales , en los centros comerciales. Cada vez es menos frecuente contemplar a niños a su aire sin la presencia cercana y la mirada continua de sus familiares, que les estrechan la mano más que antes. Cada vez se desconfía más del adulto solitario que pasaba por allí como pasa quien le observa desde el miedo a lo desconocido y a la ruleta rusa de las desapariciones, que es a la vez el fenómeno de mayor impacto y el menos usual.

Cuando el caso adquiere una difusión fuera de lo normal, hay que hilar aún con más finura para evitar engaños, parafernalias y barrabasadas. La obsesiva búsqueda de pistas y sospechosos por parte de personas que no tienen ni de lejos la mesura propia de los profesionales en la materia, puede destrozar anímicamente a una persona inocente si se monta un bulo a partir de una teoría conspirativa. Estando de por medio la salvación de la vida de un menor de edad probablemente maltratado, y el sufrimiento de una familia que no ve fin a su calvario, un dedo acusador sobre alguien se convierte de inmediato en un ejército de personas deseosas de verla en la picota.

Recuerden el caso Wanninkhof. Todo parecía clarísimo porque era muy grande el deseo de tener un culpable. Vean el caso Mari Luz, con gente que estafa pidiendo por la calle dinero falsamente en nombre de sus padres, y con multitud de actos y tinglados que nada aportan a la colaboración con la Policía.

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