El balcón

Ignacio / Martínez

Miedo a las mezquitas

EN Sevilla, la comunidad islámica pretende volver a intentar la construcción de una gran mezquita. Hace años se frustró otro empeño por las protestas vecinales. Es un ejemplo de cómo no sólo la economía y la política, sino también la vida y la convivencia se han vuelto más complejas en Europa. Sin embargo, aparecen triunfantes populismos simplistas como bálsamos de Fierabrás que curasen todas las dolencias de la sociedad: recetas milagrosas comprimidas, para situaciones complicadas.

Uno de los elementos que está desordenando el tablero es el auge de la población musulmana. Hay quien habla de la tercera invasión islámica de Europa, tras la entrada de los árabes por Andalucía en la península ibérica en 711 o la llegada de los turcos a las puertas de Viena en 1529. Un fenómeno ante el que las respuestas son muy distintas: en Francia prohíben a las alumnas que asistan a clase con velo y en el Reino Unido les adaptan el calendario de exámenes. En España los musulmanes, inmigrantes, nacionalizados o conversos, son ya dos millones de personas (300.000 en Andalucía) y la cifra crece. En este momento es el 4% de la población, mientras que en Francia llegan al 8%, en Alemania al 6% y al 5% en el Reino Unido. Cataluña está en el 7%. Andalucía no llega al 4, aunque Almería pasa del 10 y Málaga supera el 5%.

Una Europa de tradición cristiana, cada vez más secularizada, acoge a millones de fieles de una religión conservadora que condiciona la vida pública y privada de sus seguidores. Buena parte de los inmigrantes musulmanes son jóvenes bien formados. Con una tasa de natalidad bajísima, es evidente que España los necesita: a mediados de los 2000 fue el país del mundo que acogió más trabajadores extranjeros, después de Estados Unidos. El periodista Ignacio Cembrero ha hecho un importante acercamiento a este fenómeno en su libro La España de Alá [La esfera de los libros], que esta semana presentará en Almería y Granada y la siguiente en Málaga y Algeciras.

La ubicación de las mezquitas es siempre polémica. Se hacen sitio: mientras que las 23.000 iglesias católicas mantienen un número estable en España, los oratorios evangélicos y musulmanes crecen un 20% anual. Entre 2005 y 2015, Andalucía pasó de 27 a 201 centros de culto musulmán. Irrita la falta de reciprocidad. El millón de filipinos católicos que viven en Arabia Saudita no pueden ir a iglesias, su culto está prohibido. Según una encuesta que cita Cembrero hay un 61% de españoles preocupados por el extremismo islamista y un 67% en Francia. Pew Research preguntó en 2015 por el rechazo a los musulmanes: en Italia hubo un 63% de contrarios, 41% en España, 33 en Alemania y 27 en Francia.

La tarea no resuelta es cómo facilitar su integración, cómo lograr un islam europeo tolerante, abierto, alejado de fundamentalismos. Problema complejo, que no tiene una solución simple.

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