Punto de vista

josé Ramón / del Río

Miguel Arias

SI yo no escribiera esta semana de mi amigo y compañero Miguel Arias, cabeza de lista del PP para las próximas elecciones europeas, alguno podría pensar que es despego o desafecto. Le conocí cuando en 1974 vino destinado a la Abogacía del Estado de Cádiz, de la que yo era jefe. Vino acompañado por su padre, Alfonso Arias, también abogado del Estado, que me lo encomendó para que hiciera de él un hombre de provecho. Fuimos luego diputados por Cádiz en el Parlamento de Andalucía y él ha hecho a continuación una espléndida carrera política. Por lo que a mí respecta, creo haber cumplido el encargo que me dio su padre.

En el debate de TV, me sorprendió que se dejara llamar Cañete, sin protestar, cuando aquí a las personas se las llama por su primer apellido, salvo en los casos en que por ser aquel tan común, se opta por prescindir del primero. En reciprocidad debió llamar a la candidata del PSOE, señora Martínez-Orozco, que es el segundo apellido de la señora Valenciano, sin necesidad, para no parecer machista, de rectificarla con una lección sobre el uso correcto de los apellidos. No lo hizo, quizás por el corsé que le habían impuesto sus asesores y por el que no le reconocíamos los que lo conocemos. Pensé que al fin y al cabo el corsé era menos malo que el invento de esos mismos asesores, de la "niña" de Rajoy.

Por lo visto el corsé no le dejo recordar a doña Elena, cuando criticaba la supuesta inquina del PP a las mujeres, que la conversión al feminismo del PSOE es muy reciente. Porque el que fue presidente del PSOE, Indalecio Prieto, votó en las Cortes de 1933 en contra del voto femenino. Justo es reconocer que la actuación de la candidata, en cuanto a la forma, fue impecable. Hay que darles un diez a los maquilladores y peluqueros que nos ofrecieron su aspecto, con el físico que ella habría soñado, pero también otro diez para ella, porque habló con soltura, y si leía un texto no se le notó. Otra cosa es que su discurso fuese una letanía de demagogias.

No lo arregló Miguel en su intervención del día siguiente, cuando aludió a la "superioridad intelectual" para justificar su pasividad en el debate. Elena, en su biografía, hace constar que empezó dos carreras, pero que las dejó, porque le "aburría estudiar". La superioridad intelectual no la tiene Arias por ser hombre, sino por haber estudiado e imagino que a él también estudiar le aburre y que le divierte más desarmar un coche. Pero esto lo hace, después de haberse aburrido estudiando. En España no hay un candidato mejor para Europa.

Etiquetas

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios