Las dos orillas

josé Joaquín / león /

Milagros y maldiciones

VISTO desapasionadamente, hay que reconocer que el caso de las dos Sevillas (futbolísticas) es apasionante. Se suele hablar del fútbol sevillano como dos mitades, dos filosofías, dos formas de ver la vida, etcétera. Nunca la una ha podido acabar con la otra: ni cuando uno de los clubes estaba en Primera y el otro no; ni cuando uno ganó algún título y el otro no; ni cuando uno no conseguía nada y el otro tampoco. Jamás. Pues, en esos sentimientos, los resultados deportivos son accesorios, una consecuencia que no afecta a la esencia. Se asume la relatividad. A día de hoy, el Sevilla ha conquistado la Europa League, otro título europeo, y el Betis ha descendido a Segunda. Y sin embargo…

Y sin embargo, si nos fijamos sólo en el título y en el descenso, existe una distancia abrumadora, pero pudo ser diferente. El Sevilla y el Betis cruzaron sus caminos en una eliminatoria europea que quedará para la historia del fútbol local. El Betis desperdició un 0-2 en Nervión. O el Sevilla remontó un 0-2 en Heliópolis. El Betis cayó en una tanda de penaltis en la que tomó ventaja ante su público. El Sevilla tuvo acierto para dar la vuelta a los penaltis, hasta pasar del sufrimiento a la gloria.

A principios de temporada, ningún aficionado sensato pensaba que el Sevilla tuviera plantilla para ganar la Europa League, ni que el Betis cometiera la marranada de descender a Segunda. En teoría, había equipos mejores y peores para ambas cuestiones. Pero se sabe que en el fútbol sevillano se puede pasar de lo ridículo a lo sublime, y al revés, en poco tiempo. Y que los santos y las brujas futbolísticas pululan por ahí, con sus milagros y maldiciones.

Al Sevilla le salió todo bien al filo de lo imposible, desde la eliminatoria del Betis al gol agónico de M'Bia en Valencia cuando estaba eliminado, y al cumplimiento de la maldición de Bela Guttman por octava vez ante el Benfica. Pero es mérito indudable haber llegado a la final y ganarla, con una plantilla que no es como las de otras copas, pero que ha tenido mucha fe. Y al Betis todo le ha salido mal, porque algunos se empeñaron en que todo le saliera mal, y así no hay fortuna, sólo ruina.

Los dos rumbos de la Sevilla futbolística se han separado ahora hasta el extremo, cuando parecían próximos. Ya no se dudará que esta es tierra de milagros y maldiciones, de sortilegios y estropicios, sobrenatural y de poco realismo, capaz de todo o de nada, como casi siempre.

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