Visto y oído

Antonio / Sempere

Mileuristas

Creo que las primeras palabras que aprendí en la EGB fueron 'palafito' y 'trueque'. Me refiero a esos primeros términos aprendidos conscientemente, asentados por los siglos de los siglos en la memoria. Uno salía por la mañana con el bocadillo para el recreo en la cartera y regresaba con dos nuevas palabras en el zurrón. Del palafito no hice demasiado aprecio en mi vida. No soy nada aventurero y sólo pensar en una vivienda rodeada de agua me agobia. Pero viendo lo al pie de la letra que lo he cumplido parece que lo del trueque sí me caló hondo.

Tanto, que en momentos de crisis como los de la llegada del euro, he acusado menos que otros la hecatombe. Claro, quienes en lugar de gastar intercambiamos, nos enteramos de las subidas de los precios por las noticias. El reportaje ofrecido por el último Informe semanal del año fue especialmente demoledor al respecto. En Precios a la carrera se dijeron cosas muy graves. Como que más de la mitad de las familias españolas no solamente no ahorran, sino que tienen dificultades para llegar a fin de mes.

Muerto Línea 900, bien está que reportajes como el de Informe semanal recojan su testigo. Por momentos, Precios a la carrera fue perfectamente intercambiable con el programa realizado en Sant Cugat. El momento del ama de casa que descubrió una barra de pan a treinta céntimos, fue memorable. No habría estado mal, puestos a pedir, que Cándida Godoy hubiese aportado a la narración más viveza y menos rigidez. Pero tampoco era ninguna broma lo que estaba contando.

Esa misma mañana, la lingüista Victoria Escandell desveló el origen de la palabra mileurista. Apareció por vez primera en El País en 2005, en una carta firmada por Carolina Alguacil. Pero quien extrajo pingües beneficios de ella fue Espido Freire, titulando así uno de sus libros al año siguiente.

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