EL portavoz socialista en el Parlamento andaluz, Manuel Gracia, ofreció la semana pasada a la oposición negociar un pacto por la educación que permita detener de una vez el deterioro del sistema y acordar las prioridades de esta prioridad para la Andalucía de hoy que es la enseñanza, según pregonó Griñán durante su investidura.

El Partido Popular, como principal partido de la oposición y alternativa al poder actual, tendría que estar alborozado tras la propuesta de Gracia. Por una razón: el Pacto por la Educación lo lanzó su líder, Javier Arenas, en una intervención en el Foro Joly de Almería, en enero de 2008. El PSOE viene a reconocer año y pico después la necesidad de ese pacto.

No me extrañaría, sin embargo, que el Partido Popular rechazara ahora lo que reclamó entonces. De hecho, unos meses antes de proponer ese pacto se había desentendido por completo de la posibilidad de negociar con el PSOE en el marco de la nueva Ley de educación. Así conciben las cosas los populares de Arenas: ellos presentan un programa sectorial, el que sea, y como en el debate no se le acepte tal cual -detalle: los socialistas disponen de la mayoría absoluta parlamentaria-, se levantan y ahí queda eso.

Lo han vuelto a hacer con el pretendido acuerdo contra la crisis económica, hace menos de dos semanas. Después de tres meses de reuniones y de que la consejera de Economía hubiera "copiado" muchas de sus propuestas, van y se levantan de la negociación argumentando la falta de concreción de las medidas y la nula voluntad de los socialistas de alcanzar de verdad un pacto. Lo contrario que Izquierda Unida, que aceptó suscribir algunas iniciativas del PSOE a pesar de su hostilidad hacia otras. Esto se llama pragmatismo. Oposición constructiva, si se quiere.

A Javier Arenas se le está poniendo cara de Míster No. Él piensa que, para consolidar su alternativa, tiene que presentar sus proyectos y rechazar por sistema los proyectos de su adversario. No admite que entre unos y otros pueda haber puntos de contacto y posibilidades de acuerdo. De hecho, los hay, y muchos, en materia de crisis económica. Cree que con esta táctica dejará al Gobierno andaluz a solas con los problemas y que éste se estrellará ante las dificultades. Los ciudadanos suelen esperar lo contrario: una predisposición a arrimar el hombro que no tiene por qué significar respaldo a los gobernantes, sino responsabilidad, y que deja a salvo la autonomía de cada cual y las opciones diferenciadas.

Mientras llega al poder, o no, la oposición haría bien en defender sus aportaciones y trabajar para que salgan adelante. Sin abdicar de nada. Si el Gobierno acepta alguna de ellas, se supone que habrán "colado" algo que beneficiará a los andaluces; si no la acepta, siempre podrán decir que lo han intentado y presentarla a los ciudadanos como un compromiso y un acicate para que la próxima vez los voten.

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