EL gobierno de progreso PSOE-IU no deja de sorprender a los sevillanos con unas contradicciones que denotan que su acción política responde en demasiadas ocasiones a la improvisación en vez de a un modelo de ciudad y a los planteamientos que ha defendido públicamente hasta no hace mucho tiempo. El último ejemplo es el anuncio oficial de que el Instituto Municipal de Deportes, gestionado por Izquierda Unida, va a convocar un concurso inspirado por el Club Natación para la construcción de un complejo deportivo junto al puente del Cristo de la Expiración que incluiría una piscina olímpica sobre la mismísima lámina del río Guadalquivir. Esto significa, lisa y llanamente, la ocupación durante una serie de años de un trozo del río de todos por parte de la sociedad particular que gane el concurso. Consciente de esa circunstancia, el Natación, promotor del proyecto, ha anunciado que en caso de ganar pondría precios "populares" a los usuarios, pero también ha reconocido que las instalaciones tendrían un uso exclusivo para sus competiciones durante un número indeterminado de días. La contradicción de IU es que habiendo hecho bandera de la recuperación para el Ayuntamiento de todas las instalaciones deportivas otorgadas en su día en concesión, aun a costa de pagar por ello, avale ahora que se reserve parte del río para otra concesión. ¿Habrá que pagar luego otro rescate con el dinero de los contribuyentes? La Autoridad Portuaria ya ha expresado su oposición, por cuanto una piscina en plena dársena supondría un obstáculo para la navegación, amén de que sentaría un precedente que "abriría la veda": ¿por qué no otras piscinas acuáticas contiguas a Torneo, Los Remedios o Heliópolis, por ejemplo? No conocemos proyectos equivalentes en ríos navegables como el Sena (las piscinas se montan y desmontan en los muelles de París, pero no dentro del agua) o el Danubio (allí hay piscinas incluso en barcos, pero no en el río). Durante la redacción del nuevo PGOU, el Ayuntamiento proclamó como uno de sus objetivos la recuperación para uso público de la margen derecha del Guadalquivir, incluso con pasarelas peatonales de madera, pero en una nueva contradicción va a acabar autorizando la ocupación no sólo de la margen izquierda, sino también de la lámina de agua.

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