Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Momparlet, de objeto a objetivo

Como es habitual en él, Lopera desvía la atención disparando contra lo que fue puesto sólo para cabeza de turco

RECONOCER un error es algo que se considera inteligente, sobre todo si se rectifica de inmediato. Reconocer una buena ristra de errores ya es algo más complicado y el errado suele tender a desviar la atención para sacudirse unas culpas que únicamente deben recaer sobre él, sobre el errado en cuestión. Y eso de desviar la atención para, sin pararse en barras, que esas culpas no le rocen un alamar es algo en lo que es maestro cum laude Lopera. Jamás ha tenido la culpa de nada según él, sólo según él. Otra cuestión bien distinta es lo que piensa el personal, que cada día crece el número de los que no se creen nada de lo que dice.

Parece mentira que ahora ya le haya ordenado a sus francotiradores que el objetivo, la cabeza de turco, es Momparlet. Como si el hombre tuviese culpa de algo que no sea haber aceptado ejercer de marioneta bajo los hilos que sólo maneja Lopera. Ya el día que fue nombrado con ese eufemismo de director deportivo dejé bien claro desde este mismo rincón que en su sueldo iba el oficio de muñeco para el pim pam pum que se originase cada vez que Lopera se equivocara involuntaria o voluntariamente, que ésa es otra, lo de la voluntariedad o no. Bueno, pues la cacería está servida y bien haría el hombre en salir huyendo del campo de tiro.

Ni siquiera la soldada debe ser argumento para aguantar lo que le queda por aguantar. Me imagino que estar a las órdenes de Lopera debe ser un cáliz lleno de amargor, por lo que el dinero por ese trabajo también debe ser amargo a más no poder. Mientras, el Betis se desangra y su gente se deprime viendo cómo no hay un solo motivo para reír y la vecindad disfruta. Geijo, Tamudo, Nonda, ahora hasta Kepa sonaron o suenan para fortalecer al Betis, como si lo que necesita el Betis fuese cuestión de un futbolista u otro. A ver si nos enteramos de una vez de que en este Betis podrido ni siquiera un Pelé con veinte años arreglaría algo de lo mucho desarreglado.

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