la esquina

José Aguilar

La Monarquía tras Urdangarín

LAS encuestas coinciden en que existe una valoración social positiva del Rey de España y del Príncipe de Asturias llamado a sucederle. Con matices: en un contexto de crisis general que deteriora a todas las instituciones, el CIS ha registrado por vez primera en sus series de sondeos un suspenso a la institución arbitral y suprema de la democracia española y una divergencia en función de la edad de los consultados. Los adultos respaldan a la Monarquía y los jóvenes muestran una creciente desafección.

Esto último tiene que ver con la historia reciente de España. Quienes vivieron el impulso fundamental del Rey a la llegada de la libertad a España y constataron su compromiso salvador con el sistema democrático durante el aciago 23-F no tienen mayores dudas. Quizás no sean estrictamente monárquicos, pero sí son fervientes o pragmáticos juancarlistas. Quienes han vivido toda su vida en democracia y se la encontraron ya hecha tienden a sopesar la irracionalidad de una magistratura dinástica y no electa y no dudan en cuestionarse su razón de ser en el siglo XXI. Si alguien lo duda, que se acerque a los jóvenes con voluntad de escuchar.

En esta situación el caso Urdangarín ha caído como una enorme piedra en un estanque que ya no es de aguas plácidas. Por puras razones biológicas, la Monarquía española va a necesitar cada vez más justificar su existencia: irán desapareciendo los monárquicos de convicción y los monárquicos de situación o de coyuntura, y los Borbones que aguardan su momento tendrán que convencer a los españoles del futuro de que la forma de gobierno que ellos aspiran a encarnar resulta más segura y estable y menos cara y peligrosa que su alternativa (que la República, vamos).

Como digo, Urdangarín, con su tráfico de influencias y su codicia grosera, le ha propinado a la Monarquía un golpe más bajo del que hubiera podido infligirle toda una conjura de republicanos nostálgicos y de nuevo cuño. El actual monarca ha tratado de establecer un cortafuego al escándalo apartando a su yerno de la agenda oficial de la Familia Real y difundiendo los ingresos de la Casa y sus integrantes. Quizás no sea suficiente, porque la propia esposa del ex balonmanista, la infanta Cristina, y su secretario han participado en las sociedades que el vasco creó para beneficiarse ilegítimamente de su parentesco. Aun a la espera de lo que la Justicia determine, el daño ya está hecho y cada día que pasa se conocen detalles más detestables de la conducta del vasco.

La solidez de la figura del actual Rey no está en entredicho por los motivos históricos antes apuntados, pero la historia sigue y en el futuro el jefe del Estado que venga no podrá vivir de las rentas. Tendrá que ganarse el puesto y reconquistar su legitimidad.

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